Han pasado ya 18 años desde aquel domingo 11 de noviembre de 2007, cuando un joven madrileño de 16 años, Carlos Palomino, fue asesinado en la estación de metro de Legazpi por un nazi. Su muerte marcó a toda una generación y se convirtió en uno de los casos más duros de violencia ideológica en el Estado español.
Carlos iba acompañado de un grupo de amigos hacia una manifestación antifascista en el barrio de Usera. En el metro, se cruzaron con un joven militar que portaba una navaja y símbolos de extrema derecha. Sin mediar apenas palabra, le atacó con una puñalada mortal en el pecho.
Tenía 16 años. Era estudiante, vecino de Vallecas y un chico alegre que soñaba con un futuro mejor. Su asesinato no solo estremeció a su familia, también sacudió la conciencia social de todo un país.
El agresor, Josué Estébanez de la Hija, fue condenado a 26 años de prisión. La sentencia incluyó por primera vez el agravante de odio ideológico, un paso histórico que reconoció oficialmente el componente político del crimen. Aquel fallo judicial se convirtió en un precedente para futuros casos de violencia por motivos ideológicos.
La lucha de una madre
Desde entonces, Mavi Muñoz, la madre de Carlos, ha dedicado su vida a mantener viva su memoria y a denunciar los crímenes de odio. Fundó la Asociación de Víctimas de la Violencia Fascista, Racista y Homófoba, y cada año encabeza el homenaje en el mismo lugar donde su hijo fue asesinado.
“Carlos no murió, le mataron por defender lo que creía justo”, repite con la serenidad de quien ha hecho del dolor una forma de resistencia.

Cada 11 de noviembre, amigos, familiares y colectivos antifascistas se reúnen frente a la placa que recuerda a Carlos en el paseo de las Delicias: “Aquí fue asesinado el 11 de noviembre de 2007 Carlos Javier Palomino Muñoz, a la edad de 16 años, luchador contra el fascismo y el racismo.”
Fuente: La Estrella Digital.






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