
El 2 de enero de 1492 cae Granada, la última ciudad libre andalusí, en manos de las tropas de los reyes de Castilla y de Aragón. Tras largos meses de asedio y la heroica resistencia presentada por las clases populares, la oligarquía nazarí entregará a sus enemigos la ciudad a cambio de un conjunto de acuerdos, las llamadas “Capitulaciones de Santa Fe”, que garantizaban la vida, las propiedades y el respecto a los usos y costumbres de sus habitantes por parte de los invasores.
Al poco de ocupar la ciudad, el poder castellano-aragonés las incumplirían sistemáticamente. Como consecuencia, miles de granadinos serían perseguidos, torturados y asesinados por su resistencia a convertirse en felah-mengub (campesinos sin tierra) y querer practicar su cultura y costumbres libremente. Sus tierras y propiedades les serían arrebatadas mediante la fuerza.
Resultado de ese proceso es que en el censo de 1797 en los reinos de Córdoba y Jaén el 80% de la población trabajadora eran jornaleros y en el reino de Sevilla cinco de cada seis habitantes, mientras que en Asturias o Vascongadas la figura de la jornalera era prácticamente inexistente en aquella época.
En lugar de repudiar estos hechos, son celebrados, conmemorados y justificados por las instituciones locales y el actual Estado español impuesto a través de un ceremonial festivo xenófobo, andalófobo y proimperialista denominada «la Toma».
Puedes encontrar más datos en este informe: LA TOMA DE GRANADA NO ES UNA FIESTA.






Deja un comentario