
Un 23 de febrero de 1502 la plaza Bib Rambla de Granada se iluminó con las llamas que destruyeron miles de libros granadinos. Con motivo de esta efeméride Nación Andaluza-Granada ha solicitado al Ayuntamiento de la ciudad que haga las gestiones oportunas para que los cuatro mil manuscritos andalusíes que fueron salvados por las propias autoridades castellanas de la quema «se devuelvan a Granada«.
Según la nota de prensa «daba igual que los libros fueran científicos, filosóficos, literarios o de temática religiosa, ninguno escapó al cardenal Cisneros (confesor de Isabel de Castilla) que desarrolló una terrible campaña de represión y persecución político-ideológica contra las granadinas y granadinos».
Añaden que las clases populares sufrieron «la conversión, se incautaron sus tierras y propiedades y se prohibió la lengua, los bailes y las costumbres populares».
E interpretan que «lo que se perseguía, tras la apariencia de la “conversión forzosa”, no eran metas religiosas sino político-sociales. Se quería quemar las raíces andalusíes del Pueblo Andaluz provocando un epistemicidio, borrarle su identidad y su memoria nazarí, para facilitar el mantenimiento de la conquista castellano-católica y la perpetuación del expolio y la explotación».
El incumplimiento de las Capitulaciones entre el reino nazarí de Granada y el reino de Castilla «provocó un alzamiento contra los conquistadores que Cisneros aprovechó para asaltar la Madraza (la universidad nazarí granadina) fundada por Yusuf I en 1349. Su biblioteca -refugio de miles de textos andalusíes- fue arrasada y los miles de libros que contenía fueron llevados a la cercana plaza de Bib-Rambla donde ardieron públicamente en una gigantesca hoguera. Esta quema de libros es considerada una de las más grandes de las acontecidas en Europa. Tan solo unos 4.000 ejemplares que Cisneros y los suyos consideraron de interés fueron salvados y hoy se encuentran en la biblioteca de El Escorial (Madrid)».
Apuntan a que unos años después «un discípulo de Cisneros, Diego de Landa, realizó la quema de los códices mayas en el Yucatán». Y que aún hoy se siguen destruyendo libros y bibliotecas «como ocurre en Gaza».
Desde Nación Andaluza demandan que «los manuscritos nazaríes vuelvan a Granada» y denuncian este hecho histórico como parte del espíritu del 2 de enero que el Ayuntamiento continúa celebrando. Un hecho que «demuestra que la conquista de Andalucía no es motivo de celebración alguno, sino todo lo contrario. Que festejar la “Toma” es celebrar el racismo de Estado, el intento de quemar nuestras raíces, el fanatismo religioso y la intolerancia cultural».






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