
8 de marzo. La fotografía de las 168 niñas de la escuela Shajareh Tayyebeh en Minab llega como una imagen devastadora: sus corazones en medio de llamas sordas y ciegas, sus cuadernos sin terminar bajo un bombardeo sin sentido, y ahora el abismo de sus madres.
Este Día Internacional de la Mujer, las ondas de los medios globales se llenan de gestos simbólicos y de una retórica grandilocuente sobre derechos.
Pero desde el Suroeste de Asia, las imágenes de las niñas de Minab nos recuerdan algo esencial: el derecho más básico de una niña es ir a la escuela. El derecho más básico de una niña es permanecer viva.
La protección de las niñas no puede depender de la geografía o de intereses políticos.
Si el mundo permanece en silencio cuando las aulas se convierten en objetivos, entonces el lenguaje de los derechos se convierte en poco más que retórica.
8 de marzo: Lecciones desde Gaza y Beirut
A miles de kilómetros de Minab, en Gaza, las mujeres saben bien quién es el opresor y quiénes son los héroes. La ocupación israelí ha asesinado a decenas de miles de palestinas en los últimos dos años y medio. Ha devastado la vida de un millón de ellas, y ha atacado una y otra vez las escuelas.
En Beirut, las madres, bajo la incertidumbre de las bombas y las órdenes de evacuación, han tenido que trasladar a sus hijos y quedar desplazadas entre cientos de miles de personas.
Un mundo en el que las niñas y las mujeres no pueden caminar con seguridad hacia su casa o hacia la escuela es un mundo que ya ha fallado en su promesa más básica: la protección.
La verdadera prueba del compromiso con la igualdad y la justicia no está en los discursos de los días conmemorativos, sino en la voluntad de proteger la vida.
Fuente: Almayadeen.






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