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Lecciones de la «Revolución Bolivariana»

Artículo elaborado por el teniente coronel de la fuerza aérea miembro del Partido Comunista chino (PCC) Guo Songmin actualmente investigador asociado del Centro de Seguridad Nacional de la Academia china de Ciencias sociales. Influyente en los círculos políticos basados en el marxismo en China. Publicado originalmente en chino. Traducido por Gabriel Martínez del chino al castellano.

I.
Por más que simpaticemos con Venezuela, que hoy sufre una invasión del imperialismo norteamericano, la fragilidad del país resulta extremadamente evidente.
Haciendo cuentas, ya han pasado exactamente 26 años desde que Hugo Chávez fue elegido presidente de Venezuela por primera vez, en 1999, dando inicio a la Revolución Bolivariana. Sin embargo, en lo que respecta a la unidad interna, al desarrollo económico y a la capacidad de disuadir la agresión imperialista, los resultados siguen estando por debajo de lo esperado.
Cuando la Nueva China cumplió 26 años de existencia, estábamos en 1975.
Como destacó el primer ministro Zhou Enlai en su informe ante la Cuarta Sesión de la Asamblea Popular Nacional (APN), para entonces ya habíamos construido inicialmente un país socialista próspero, realizado la industrialización, ganado cinco guerras —incluida la Guerra de Resistencia a la Agresión de los Estados Unidos y de Apoyo a Corea— y dominado la bomba atómica y la bomba de hidrógeno, de modo que ya no había ningún país que se atreviera a intimidarnos con facilidad.
Tal vez no deberíamos tomar a la Nueva China como parámetro de comparación, pero, en cualquier caso, la Revolución Bolivariana —aunque sin duda ha logrado conquistas significativas— no alcanzó los objetivos esperados y ha comenzado a revelar cierto declive típico de la situación descrita por el dicho: “quien recorre cien li considera que noventa ya son casi el final”.
¿Qué es la Revolución Bolivariana?
En términos generales, se trata de un movimiento de transformación social sistémica en Venezuela, liderado por Chávez a finales de la década de 1990 y bautizado con el nombre del “Libertador”, Simón Bolívar.
En el plano político, la Revolución Bolivariana defiende la sustitución de la democracia representativa por la democracia participativa, la creación de instancias de poder de abajo hacia arriba, como asambleas comunales y consejos comunitarios, la promoción de una “revolución pacífica” y de reformas constitucionales, enfatizando la soberanía popular y la descentralización del poder.
En el plano económico, propone la nacionalización de sectores estratégicos, como el petróleo, la limitación del capital extranjero y de las oligarquías, la creación de bancos comunales y cooperativas productivas comunitarias, el estímulo al “desarrollo endógeno” y a la democracia económica, reduciendo la dependencia de los mercados externos.
En el plano social, utiliza los ingresos del petróleo para promover políticas de bienestar, como salud, educación y vivienda gratuitas, combatiendo la pobreza y la desigualdad.
Bajo el fuerte impulso de Chávez, la Revolución Bolivariana se llevó adelante con vigor en toda Venezuela, en nombre de la construcción del socialismo del siglo XXI, y llegó a obtener resultados considerables en determinado momento.
En el ámbito social y del bienestar, mediante la oferta de atención médica gratuita, la universalización de la educación básica y los programas de vivienda, redujo significativamente las tasas de pobreza y analfabetismo en Venezuela, además de ampliar el acceso de la población más pobre a los servicios de salud y a las garantías básicas de vida.
En el campo de la economía y de la soberanía sobre los recursos, la industria petrolera, anteriormente controlada por el capital estadounidense, fue nacionalizada, y los ingresos del petróleo pasaron a destinarse al financiamiento de las políticas sociales.

En el ámbito de la política exterior, adoptó una línea antihegemónica y de defensa de la independencia nacional, rompiendo parcialmente la influencia de los Estados Unidos en América Latina y ampliando la capacidad de expresión de Venezuela en el escenario internacional.
Fue precisamente por eso que Chávez disfrutó de un enorme prestigio en Venezuela. En 2002 llegó a ser depuesto y detenido por un golpe militar, pero millones de venezolanos salieron a las calles en su apoyo; el golpe fracasó rápidamente, y Chávez retomó la presidencia.
II.
Lamentablemente, tras mantenerse durante cierto período, la Revolución Bolivariana pronto comenzó a enfrentar dificultades para continuar.
Desde el punto de vista del entorno externo, las sanciones y el aislamiento impuestos por los países occidentales, liderados por Estados Unidos, constituyen una de las principales razones por las cuales la revolución cayó en dificultades.
El embargo petrolero y las sanciones financieras aplicadas por Estados Unidos a Venezuela cortaron sus canales de financiación y comercio internacionales, agravando la inflación interna y la escasez de bienes; al mismo tiempo, Estados Unidos pasó a apoyar abiertamente a las fuerzas de oposición venezolanas, socavando la estabilidad política del país.
Desde el punto de vista de la lógica interna, la Revolución Bolivariana no tocó de manera fundamental la estructura central de la propiedad de los medios de producción. Sus ajustes en el campo de la propiedad se limitaron, en gran medida, a reformas moderadas, sin romper con el marco de la propiedad privada capitalista.
Primero, Venezuela no llevó a cabo una reforma agraria profunda. Durante el período de Chávez, solo alrededor del 10% de las llamadas “tierras ociosas” fueron expropiadas y distribuidas entre los campesinos, y la mayoría de esas tierras terminó posteriormente siendo devuelta a sus antiguos propietarios por decisiones judiciales. La estructura de los grandes latifundios (latifundio) permaneció esencialmente intacta.
Segundo, Chávez nacionalizó solo una parte de las empresas extranjeras o privadas en los sectores de energía, telecomunicaciones y otros, lo que representó apenas un ajuste parcial de la propiedad privada, y no una transformación sistemática orientada a abolir la propiedad privada y a construir un sistema de propiedad pública.
En estas condiciones, para cumplir las promesas revolucionarias, Venezuela pasó a depender fuertemente de los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo. Las fluctuaciones de los precios internacionales del petróleo, sumadas al bloqueo impuesto por Estados Unidos, afectaron directamente esos ingresos, lo que condujo a la pérdida del sustento financiero de las políticas de bienestar social (salud y educación gratuitas, entre otras), provocando así la acumulación de descontento popular.
Tercero, Chávez promovió el movimiento cooperativista, incentivando a trabajadores y campesinos a crear cooperativas, en un intento de ampliar las formas de propiedad compartida de los medios de producción. Sin embargo, las cooperativas representaron apenas una pequeña parte de la economía nacional y no lograron convertirse en la forma dominante de propiedad.
III.
La revolución debe llevarse hasta el final. Seguir una “tercera vía”, es decir, intentar conciliar capitalismo y socialismo, no funciona.
La lección fundamental del impasse de la Revolución Bolivariana reside en que no tocó de manera radical la propiedad privada capitalista, no se apoyó plenamente ni consolidó la posición central de las clases obrera y campesina, y no rompió con las ataduras externas del imperialismo. Esto puede sintetizarse en tres puntos:
— La insuficiencia de la transformación de las relaciones de producción contravino la lógica central de la revolución socialista.

El marxismo enfatiza que la tarea fundamental de la revolución socialista es eliminar la propiedad privada de los medios de producción y establecer la propiedad pública, liberando y desarrollando así las fuerzas productivas.
Aunque la Revolución Bolivariana promovió nacionalizaciones y reformas parciales en áreas como la energía y la tierra, no sacudió la posición dominante de la propiedad privada. La reforma agraria fue interrumpida por la preocupación de evitar la resistencia de la clase de los grandes terratenientes; la economía cooperativa permaneció dependiente de subsidios estatales y nunca llegó a convertirse en el eje de la economía nacional; y la nacionalización de sectores clave, como el petróleo, no fue acompañada por la construcción de un sistema científico de gestión y distribución bajo la propiedad pública.
Este tipo de ajuste “reformista” no resolvió la contradicción fundamental de la monopolización de los medios de producción por una minoría de la burguesía y de los grandes propietarios de tierras, ni logró escapar a las leyes de las crisis económicas capitalistas, terminando por perder sustentación frente a choques como la volatilidad de los precios del petróleo y la fuga de capitales;
— La ausencia de la posición dirigente de las clases obrera y campesina condujo a la falta de una base sólida de apoyo revolucionario.
El marxismo sostiene que la alianza obrero-campesina es el apoyo fundamental de la revolución proletaria.
Aunque la Revolución Bolivariana adoptó como lema la mejora de las condiciones de vida de la población e implementó políticas de bienestar como salud y educación gratuitas, no otorgó institucionalmente a las clases obrera y campesina el derecho de participar en la gestión del Estado y de controlar los medios de producción. El proceso de acceso de los campesinos a la tierra fue lento e incompleto; los trabajadores carecían de poder de decisión en la gestión de las empresas; y el desarrollo de las cooperativas tampoco dio origen a una forma organizativa de unión autónoma de las clases obrera y campesina.
La fuerza dirigente de la revolución —el grupo Chávez-Maduro— no logró establecer una alianza de clase sólida con las clases obrera y campesina; por el contrario, en cierta medida terminó llegando a compromisos con la burguesía y con los estratos burocráticos. Esto condujo a que la revolución perdiera su base popular más firme y, cuando las políticas de bienestar dejaron de ser sostenibles, el apoyo de las masas fue disipándose gradualmente.
— Incapacidad de romper la opresión internacional del imperialismo, permaneciendo subordinada al sistema capitalista global.
La teoría del imperialismo de Lenin señala que las revoluciones en los países en desarrollo inevitablemente enfrentan la intervención y la represión del imperialismo.
La Revolución Bolivariana intentó confrontar a las fuerzas imperialistas lideradas por Estados Unidos sin romper de manera radical con las relaciones capitalistas de producción en el plano interno, lo que evidenció profundas limitaciones.
Por un lado, la estructura económica excesivamente dependiente de la exportación de petróleo en Venezuela es, en sí misma, un producto de la división internacional del trabajo impuesta por el imperialismo; la revolución no logró promover la diversificación industrial necesaria para liberarse de la dependencia del mercado internacional.
Por otra parte, frente a las sanciones, los embargos y la injerencia política de Estados Unidos, la revolución careció de una estrategia capaz de articular a otros países del Tercer Mundo, y no logró formar un frente unido internacional contra el imperialismo. Como resultado, terminó sumergiéndose en dificultades bajo la doble presión del bloqueo externo y de la crisis económica interna.
Las lecciones de la Revolución Bolivariana confirman la tesis fundamental del marxismo: sin tocar la base de la propiedad privada de los medios de producción, sin apoyarse en la fuerza dirigente de las clases obrera y campesina y sin romper las ataduras internacionales del imperialismo, cualquier movimiento reformista que intente seguir una “vía intermedia” difícilmente podrá escapar, al final de cuentas, a un destino de fracaso.
Por último, quizá podamos recurrir a un célebre pasaje de Marx en La guerra civil en Francia para cerrar esta reflexión sobre la Revolución Bolivariana:
“La clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal ya existente y utilizarla para sus propios fines.”
“La clase obrera debe destruir el poder gubernamental que ha usurpado la posición de señor de la sociedad en lugar de servir como su funcionario público, y sustituirlo por su propia máquina de gobierno, en lugar de la máquina estatal y gubernamental de la clase dominante.”
El intento de Chávez y Maduro de utilizar la vieja máquina estatal para impulsar la Revolución Bolivariana y construir el llamado “socialismo del siglo XXI” fracasó. Sin embargo, esto no es motivo de desaliento: de sus fracasos nacerá una nueva revolución —más profunda, más radical y con perspectivas mucho más prometedoras.
Guo Songmin es comentarista independiente de actualidad, investigador independiente y crítico de cine, teniente coronel de la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación. Actualmente es investigador invitado del Centro de Seguridad Cultural Nacional y Construcción Ideológica de la Academia China de Ciencias Sociales. Se graduó en la Academia Política de la Fuerza Aérea del EPL y en la Escuela de Posgrado del Comité Central del Partido Comunista de China.

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