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Análisis de las declaraciones del Secretario General del PCE sobre Irán: ¿Crítica legítima o alineación con el imperialismo?

En días recientes, Enrique Santiago, secretario general del Partido Comunista de España (PCE), generó controversia al expresar en su cuenta de X: «Nuestro apoyo al levantamiento popular contra el régimen teocrático iraní» y añadir que «Irán necesita un gobierno de izquierda». Estas declaraciones, aparentemente en apoyo a movimientos de protesta dentro de Irán, merecen un análisis profundo que considere el complejo contexto geopolítico.

Contexto histórico y geopolítico

Irán, tras su Revolución Islámica de 1979, ha mantenido una política de independencia frente a las potencias occidentales, particularmente Estados Unidos. Esta postura ha resultado en décadas de sanciones económicas que, según múltiples informes de la ONU y organizaciones humanitarias, han afectado gravemente al pueblo iraní, especialmente en el acceso a medicamentos y bienes esenciales.

El país persa se encuentra en una región estratégica con importantes reservas energéticas, lo que explica el interés continuo de Washington y sus aliados. Históricamente, el derrocamiento del primer ministro democráticamente electo Mohammed Mosaddegh en 1953 mediante una operación conjunta de la CIA y el MI6 británico para controlar los recursos petroleros iraníes establece un precedente de intervención extranjera que aún resuena en la memoria colectiva del país.

El doble rasero de las «revoluciones de colores»

Existen documentados precedentes de injerencia externa en asuntos internos de países soberanos. Las «revoluciones de colores» en Europa del Este, los intentos de golpes de Estado en Venezuela (2002, 2019) y Bolivia (2019), y las protestas en Irán (2022) muestran patrones similares de financiamiento externo, cobertura mediática selectiva y narrativas prefabricadas. Los servicios de inteligencia occidentales, incluida la CIA, tienen una larga historia de participación en la desestabilización de gobiernos no alineados.

En este contexto, declaraciones como las de Santiago pueden ser instrumentalizadas para justificar intervenciones que poco tienen que ver con la soberanía popular y mucho con intereses geopolíticos y económicos. Cuando figuras políticas de «izquierda» en occidente adoptan retóricamente las mismas posiciones que gobiernos como el de Israel (que mantiene tensiones abiertas con Irán) o la administración estadounidense (que ha impuesto sanciones «máximas»), se diluye la necesaria oposición al imperialismo que debería caracterizar a cualquier movimiento auténticamente progresista.

Soberanía y no intervención: principios fundamentales

El derecho de los pueblos a decidir su destino sin injerencias externas es un principio fundamental del derecho internacional. La Revolución Iraní, con todas sus complejidades y contradicciones, fue un movimiento popular masivo que derrocó a la monarquía respaldada por occidente. Cualquier análisis que ignore esta dimensión histórica comete un reduccionismo peligroso.

Las izquierdas occidentales enfrentan el desafío de distinguir entre la solidaridad legítima con movimientos populares auténticos y la reproducción inadvertida de narrativas intervencionistas. Las declaraciones que parecen avalar cambios de régimen desde el exterior, especialmente cuando provienen de países con historial colonial e imperialista, deben ser formuladas con extrema cautela y conocimiento del contexto.

Es un deber fundamental, en un análisis internacional, el respeto a la soberanía nacional y evitando el paternalismo que históricamente ha caracterizado a las potencias coloniales. El camino hacia la emancipación de los pueblos pasa por su autodeterminación, no por injerencias que, aunque se revistan de retórica progresista, sirven finalmente a intereses ajenos a los de las mayorías populares.

Las declaraciones de Santiago reflejan una contradicción que debilita la lucha antiimperialista global. En un momento de creciente confrontación geopolítica, la izquierda necesita recuperar un internacionalismo basado en la solidaridad genuina, no en la imposición de modelos políticos desde fuera.

Por J.A. Toledo.

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