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Se puede demostrar la sobrecarga laboral: el caso de las camareras de piso en Granada

En nuestros puestos de trabajo nos solemos enfrentar a multitud de problemas, tales como la precariedad, la realización de funciones que no nos corresponden, salarios por debajo de lo que debería por aplicarse convenios o reconocerse categorías diferentes, etcétera. Así mismo, echar más tiempo del debido, o tener que trabajar a ritmos infernales para poder cumplir con los horarios acordados, también está a la orden del día.

El caso de las camareras de piso

Esto último es común en el caso de las camareras de piso en cualquier hotel. Más allá del horario, cada día reciben un parte con un número de habitaciones que, las más de las veces, es inasumible en el horario estipulado a menos que trabajen a un ritmo insano, e incluso así.

Este hecho supone tener que enfrentarse a fuertes presiones, grandes dosis de estrés en el trabajo, un desgaste físico y mental que tarde o temprano acaba dando la cara…por no hablar de problemas de conciliación graves cuando los horarios son de mentira.

Ante esto, las empresas externas y hoteles establecen unas ratios que nunca se saben muy bien de donde derivan. Se supone tienen protocolos establecidos basados en la cuantificación, pero no se facilitan los datos, la metodología usada para obtenerlos, ni la información para poder contrastarla. El reparto de habitaciones, el número de ellas, el tipo…depende de cada empresa y cada hotel.

Una lucha sindical que impone mediciones: se puede demostrar la sobrecarga laboral

Como trabajadoras y trabajadores, luchar por controlar nuestro tiempo y ritmo de trabajo, frente a las imposiciones de las empresas, es una cuestión fundamental. Desde la reducción de la jornada laboral, hasta el cumplimiento de nuestros contratos, pasando por aquello que hacemos durante ese tiempo. No debemos naturalizar la explotación ni la precariedad como algo inevitable.

En Granada, trabajadoras de los hoteles Barceló Carmen y Barceló Congress afiliadas a la Coordinación Sindical de Trabajadores/as de Andalucía (CSTA) han impuesto, mediante la lucha sindical, que se lleven a cabo mediciones para poder demostrar la sobrecarga laboral. Esto ni es común ni sencillo. Lógicamente, empresas y hoteles prefieren disponer de unas ratios de habitaciones que convengan a su propio beneficio, es decir, que menos trabajadoras hagan el máximo trabajo, y que no se realicen este tipo de mediciones. En este caso, debido a las movilizaciones, se han tenido que sentar y aceptar que se lleve a cabo el control de varias jornadas de trabajo por parte de las propias trabajadoras y el sindicato.

Durante dichas jornadas, se ha llevado a cabo una contabilización del tiempo que se tarda por habitación entre diferentes trabajadoras, participando en la medición representantes del sindicato, de la empresa externa y de los hoteles. Las camareras de piso han realizado su trabajo en los distintos tipos de habitaciones (simples, dobles, suites…) que hay en cada uno de estos establecimientos, para poder disponer de unos datos verdaderamente representativos.

Así mismo, no solamente se ha medido el tiempo que se tarda en realizar las habitaciones. Por ir más rápido, las propias trabajadoras llegan unos minutos antes de su horario, ya con su uniforme, y preparan las cosas necesarias para cuando llegue la hora, subir. Eso también es tiempo de trabajo, al igual que los traslados por el hotel, y la recogida de todo para salir. Y eso no se tenía en cuenta. Ahora si tendrá que tenerse, y por tanto contabilizarse dentro de la jornada laboral.

Una lucha ofensiva que debe extenderse

Esto, que como decimos no es común y se ha tenido que imponer mediante la lucha sindical, permitirá demostrar la sobrecarga laboral y los ritmos necesarios para poder cumplir con las ratios que se imponen. Durante las mediciones ya se pudo ver el ritmo necesario, los problemas que surgían y lo que supone para las trabajadoras esta forma de trabajar.

El hecho a destacar aquí es que se le está disputando a la empresa la potestad de marcar dichos ritmos, y que se está haciendo en un sector en el que se ha naturalizado demasiado la explotación y la precariedad. No se trata de una lucha defensiva, sino ofensiva: no es que les den lo que ya es suyo, sino de que están exigiendo más. Y en este caso, exigir más no solo es exigir salir en el horario establecido, sino tener un parte asumible y no enfrentarse al estrés, a la presión o a tener que regalar parte del tiempo de sus vidas a empresas y hoteles. Y, sobre todo, es imponer que ellas deciden cuanto y como trabajan, y no solamente lo hace la empresa. Y no solo eso, sino que la consecuencia será, además, tener que contratar a más gente para poder seguir cubriendo el número de habitaciones cada día. Trabajar menos, también es trabajar todas y todos.

Es necesario entender que esta lucha puede y debe extenderse, porque en cualquier sitio donde se realice acabará demostrándose lo mismo: que quieren hacer que se trabaje más por menos. Por tanto, hay que dejar de asumir como normal el salir más tarde, el correr para terminar los partes que no se saben de donde salen y enfrentarse. Las trabajadoras de estos hoteles están demostrando que es posible.

Por Adrián Mora.

Fuente: IZAR.

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