
En los últimos días, la Universidad de Granada ha presentado un macroatlas con casi medio millón de audios que radiografía cómo está cambiado la forma de hablar de los andaluces. La investigación representa la lenta, pero inexorable agonía del ceceo.
Qué es el ceceo
Mientras la distinción entre ‘s’/’z’ y el seseo ganan terreno en nuestro país, el ceceo pierde hablantes justo en el único lugar de la Península donde se cecea.
Es uno de los rasgos identificativos del andalú pero desaparece por una cuestión político-sociológica: el estigma de los ceceantes que los identifican con las comarcas rurales andaluzas (frente al seseo y la distinción propios de algunas capitales andaluzas, aunque también de algunas comarcas rurales) es la principal fuerza contra este subsistema fonético.
Lo que estamos viendo no es solo la muerte del ceceo, es el fin del sonido [θ] en sí mismo: una de las rarezas más desconocidas del andalú.
¿Una rareza del andalú?
Aunque no es algo que se suela explicar demasiado, el sonido ‘c’ (/θ/) es algo relativamente raro en el mundo — solo solo en 43 de 566 lenguas (7,6%) del muestreo WALS aparece y solo en 4% de los recuentos en bases de datos tipológicas (UPSID: 3,99%; PHOIBLE: ~4%). Es decir, muy pocas lenguas vivas tienen entre sus repertorios fonéticos ese sonido.
Para que nos hagamos una idea, el fonema de la ñ [ɲ] quintaesencia del castellano, aparece en el 35% de las lenguas del mundo.
Pero… ¿qué pasa con la ‘c’?
La explicación habitual de por qué [θ]/[ð] son menos frecuentes y de por qué están en desaparición es simple: son fricativas «suaves»; es decir, son sonidos menos estridentes que [s]/[z] y, por lo tanto, tienen menor saliencia perceptiva. Esto es lo que hace que tiendan a perderse o transformarse con facilidad a lo largo del tiempo.
Eso no quiere decir que el andalú del futuro vaya a ser seseante; pero hay una gran probabilidad de que sea seseante.
No se puede sostener desde un punto de vista filológico que la desaparición de la [θ] sea algo malo pero sí sabemos que si desaparece es por el estigma socio-económico de sus hablantes. Ciertas capas del pueblo andaluz que sufren un desprestigio fruto de la andalofobia y la ignorancia.






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