
El 27 de septiembre se celebra el 51.º aniversario de los fusilamientos de 5 revolucionarios por la dictadura franquista. Tres eran militantes del FRAP y dos de ETA.
¿Qué actualidad mantiene un crimen de hace medio siglo? La respuesta debemos buscarla en el significado actual del Gudari Eguna, una respuesta con tres pilares: ¿qué es la memoria de lucha o mejor decir, la memoria militar de las clases y pueblos explotados?, ¿qué aportaciones nos ofrece en el capitalismo e imperialismo actuales? y ¿cómo podemos aplicarlas? Todas las clases dominantes se esfuerzan por liquidar o reducir al máximo la memoria militar de las clases explotadas. Veamos algunas de las agresiones más recientes contra la memoria de los pueblos: El Gobierno chileno no ha conmemorado oficialmente el 53.º aniversario del golpe de Estado fascista, como si no hubiera existido. La burguesía necesita destruir la memoria de Allende para que la clase trabajadora ignore su coherencia y valentía al no deponer las armas ante el fascismo, pero también para que no aprenda de sus errores, como el de no haber armado al proletariado como le apremió Fidel Castro para desbaratar y derrotar el golpe militar antes de que Pinochet lo desencadenara. Seis días antes del golpe fascista, la izquierda revolucionaria dirigió una carta a Salvador Allende planteando la urgencia de instaurar el poder obrero.
En la Caracas rendida a Estados Unidos se han desmontado las referencias a Bolívar y a Chávez que estaban en la larga avenida Simón Bolívar y se intensifica la campaña de olvido:
- Hay que olvidar que Bolívar rechazó la presencia de Estados Unidos en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 y propuso la creación de un ejército latinoamericano para defenderse del colonialismo.
- Hay que olvidar aquel grito esperanzador de Chávez en 2008: «¡¡Váyanse al carajo, yanquis de mierda!!».
En 2026 Milei ha intensificado duramente las amenazas, presiones y ataques contra los colectivos que reviven la memoria de lucha de los oprimidos.
El trumpismo endurece los ataques al socialismo y en 2025 ha superado el record de 2024 al prohibir, censurar o retirar 6.588 libros de las escuelas públicas, a la vez que cambia nombres históricos de países, lagos y océanos. En la reciente convención republicana celebrada en Dallas, Trump ha pedido a los asistentes juramento de lealtad a su persona, como Hitler, y hace toda clase de trampas para ganar las elecciones de noviembre. En Alemania se prohíben las referencias a la victoria del Ejército Rojo sobre el nazi-fascismo internacional. El Japón remilitarizado homenajea a los genocidas de las masacres de Nanjing y otras ciudades chinas y de Asia, mientras que los ucronazis y los sionazis destruyen verdades e imponen mentiras con el apoyo descarado de Occidente…
En Euskal Herria nos estamos movilizando desde 1975 para que el Gudari Eguna no sea fagocitado por la voracidad imperialista ni olvidado por las sucesivas versiones del doctrinarismo abstracto. Mientras que el Estado español endurece la asfixia contra nuestra lengua que es la expresión viva de nuestra memoria, por eso hablamos del Día del Soldado, más concretamente y fijándonos en los asesinados: el Día del Revolucionario independentista.
La burguesía y el reformismo necesitan que el pueblo trabajador ignore que tuvo el poder entre julio y septiembre de 1936 en la Comuna de Donostia y que lo perdió entre otras razones porque no se atrevió a socializar la riqueza burguesa protegida en el Banco Guipuzcoano, con la que podría haber pagado armas y pertrechos imprescindibles. La Comuna de Donostia repitió el mismo error estratégico que 65 años antes había cometido la Comuna de París: no recuperar el Banco de Francia.
El imperialismo necesita destruir la memoria militar de la nación trabajadora porque no solo es un recuerdo de la dignidad de las generaciones pasadas, de su profunda identidad nacional de clase y por tanto una lección ejemplar, sino también porque esta lección apunta directamente a la cuestión del poder en su esencia: el pueblo en armas. Esto y no otra cosa es el proceso que va de la memoria de resistencia a la memoria de lucha para terminar en la militar. A los largo de este proceso, que puede cortocircuitarse o ser barrido por la represión, la conciencia proletaria va enriqueciéndose en contenidos y en visión histórica. Es un proceso interno a la lucha de clases y a los pueblos oprimidos, a la lucha de liberación antiimperialista.
Llegamos así a la segunda cuestión: qué nos aporta en estos momentos. Recientemente, el colectivo cubano La Tizza publicó un artículo de Ramis Rosique con el revelador y contundente título de «Sin patria, no habrá democracia»1. Cuba está siendo atacada con odio creciente desde el primer segundo de su independencia socialista, buscando asfixiarla, pudrirla desde dentro, solo falta por ahora invadirla, como a Venezuela, estableciendo un gobierno títere o una ocupación militar dictatorial que aniquile todas las conquistas socialistas y hundan al país en la barbarie capitalista.
La memoria y la cultura de la «cubanía» son un arma de identidad colectiva antiimperialista que ayuda a explicar por qué la isla ha resistido y resiste, y por qué resistirá. En enero de 2023, cuando los golpes imperialistas se endurecían, alguien escribió que la «cubanía» no era un sentimiento pasivo que podría debilitarse bajo esos golpes, sino una «tarea» diaria volcada a reinventar el futuro revolucionario. No es lo mismo reinventar el futuro disponiendo del poder político, es decir de un Estado y de una patria socialista que garantice la defensa armada a ultranza, que inventar el futuro bajo la opresión nacional partiendo de la nada.
El Estado obrero creado tras la conquista del poder y de la independencia de clase se inventa a sí mismo en su propia lucha de liberación, siempre dentro de la lucha de clases mundial. La «cubanía» fue invención del pueblo obrero en su larga guerra de liberación, logro asegurado por el poder estatal armado con la victoria revolucionaria: es decir, lo esencial ya estaba «inventado» en 1959 con la creación del Estado socialista y el impulso popular de la «cubanía» como una defensa moral clave para resistir a los inmediatos ataques yanquis. Las reinvenciones posteriores se realizan sobre la base de esta primera victoria cualitativa que solo puede ser destruida mediante la contrarrevolución interna y la invasión externa.
En Euskal Herria aún no hemos dado el salto cualitativo imprescindible para poder «inventar» nuestra independencia en la práctica, así que no podemos «reinventarla». No nos hemos liberado de la opresión franco-española ni de sus súbditos burgueses. No tenemos ni Estado ni República Socialista Vasca, pero sabemos, como las demás clases y naciones explotadas, que nuestra experiencia, nuestra memoria, guarda lecciones muy valiosas que nos sirven para avanzar. Cuba enseñó al mundo que Maceo, Martí, el Che, Celia, Vilma, Fidel y el pueblo en su conjunto no partían de la nada en su lucha porque la memoria y la historia les enseñaban qué errores no debían repetir y qué lecciones si debían adaptar a sus condiciones. Pero también lo sabe el imperialismo y por eso la batalla por la memoria y por la cultura popular, por la historia de la lucha, es tan decisiva.
Es decir, la lección fundamental que nos ofrece la memoria militar es la necesidad imperiosa de que el pueblo trabajador destruya el Estado del capital que le oprime nacionalmente y construya su propio Estado socialista e internacionalista.
Llegamos así, tras esta muy rápida exposición, a la tercera parte: ¿cómo podemos aplicar lo anterior? Hemos visto el proceso que va de la memoria de resistencia a la militar pasando por la memoria de las luchas múltiples sostenidas por la clase obrera. Entender este proceso ascendente, pero no lineal ni determinista, cuyo resultado depende de su propia lucha. Los gudaris fusilados en 1975, ni los anteriores y posteriores, no surgieron de la nada; como tampoco lo hicieron la Comuna donostiarra de 1936 ni la serie de huelgas generales del movimiento obrero vasco desde 1890 hasta la dictadura militar española de 1923. Son parte de un proceso de luchas que tienen sus antecedentes remotos, por ejemplo, en la resistencia campesina en Nafarroa desde el primer tercio del siglo XIV para tomar formas de matxinadas desde finales del siglo XVI y de lucha obrera insurreccional desde finales del XIX.
Durante esta larga historia, algunas resistencias saltaron a luchas violentas y, al final del proceso, a insurrecciones armadas, guerras defensivas, guerras de guerrillas y de nuevo, tras la crisis reformista de la década de 2010, de nuevo movilizaciones obreras reprimidas por nuevas leyes como la ley mordaza y sus adaptaciones tácticas en Nafarroa y en la CAV. Queremos decir que el Gudari Eguna de 2026 es el resultado de esta permanente lucha de liberación nacional de clase que se ha ido enriqueciendo y respondiendo a los cambios en las formas de explotación nacional de clase.
Cualquier persona militante, especialmente la juventud, ha de conocer lo permanente en la memoria de resistencia vasca: el rechazo pasivo o activo del pueblo trabajador a la opresión, explotación y dominación tal cual se ha ido realizando a lo largo del tiempo. La y el militante, la juventud sobre todo, han de conocer esta permanencia de lo esencial, sus cambios de forma, las novedades de explotación introducidas por los sucesivos poderes opresores y las nuevas luchas y resistencias, hasta llegar al presente. Sin este conocimiento de lo decisivo de la historia, de lo que la mueve, es decir de la lucha de clases, es imposible plantear la más mínima reivindicación con algún viso de victoria popular.
La diferencia entre la memoria de resistencia y la de lucha radica en que la segunda es más radical y llena de contenido que la primera por el simple hecho de que la lucha va más al fondo de las contradicciones, más directamente contra los intereses de los amos explotadores. Un ejemplo, las primeras gaueskolas de la década de 1960 eran resistencias fundamentales pero no podían aún actuar como movimiento popular masivo, creciente y con perspectiva histórica como sí se logró con la creación de AEK que era una lucha estratégica organizada para la euskaldunización popular. Avanzaron en esa línea gracias a que la conciencia sostenida en la memoria de resistencia euskaldún fue actualizada por los cambios sociales impuestos por la crisis capitalista de finales de los años 60 respondidos por nuevas resistencias y sobre todo nuevas luchas de liberación nacional de clase lanzadas desde el Consejo de Guerra de Burgos de 1969 – 1970, por poner una fecha.
Para entonces ya se estaba dando un primer paso de la memoria de lucha a la memoria militar, pero de eso hablaremos luego. Las luchas que se generalizaron desde 1970 en adelante tenía una diferencia sustancial que las resistencias anteriores: la creación de la izquierda abertzale, con sus múltiples matices y diferencias, fue el paso de gigante para responder a la crisis del imperialismo franco-español y a la contraofensiva del imperialismo que llegaría a concretarse en el llamado neoliberalismo, pero que ya venía anunciada por el golpe fascista en el Chile de Allende de 1973.
Es por esto que la memoria de lucha acumulada desde el Consejo de Guerra de Burgos tiene unos contenidos que no podían aparecer tan nítidos en las resistencias previas pese a su valía y heroicidad. En el plano teórico-estratégico fue la larga Quinta Asamblea de ETA la que sintetiza ese avance de organización y perspectiva. Y lo hace en parte porque restablece la dialéctica entre los tres tipos de memoria: de resistencia, de lucha de clases y de lucha militar, en las condiciones de la crisis capitalista que más adelante, desde la década de 1990, parecerá definitivamente resuelta. Pero fue una apariencia, un espejismo que facilitó el avance de la socialdemocracia soberanista. La memoria de resistencia impidió desde la derrota popular ante la invasión franquista que desaparecieran las raíces de la identidad popular vasca, logrando que ya desde finales de la década de 1940 resurgieran las primeras resistencias y que no se rompiera el hilo invisible que unía aquella clandestinidad tanto con las luchas sociales como con las acciones del maquis y de grupos armados previos a ETA desde finales de la década de 1950.
La memoria de lucha, activada en los años 60 y definitivamente desde Burgos con el fortalecimiento progresivo de formas de lucha armada, también impidió durante mucho tiempo el triunfo reformista.
El espejismo dulzón y empalagoso de que la sociedad capitalista había cambiado para bien desde la década de 1990, garantizando la supuesta transición pacífica a la independencia abstracta, fue extendiéndose como la única alternativa legal viable ante el tsunami represivo desencadenado desde la mitad de esa década. El espejismo se sostenía sobre la verborrea intelectual antimarxista subvencionada generosamente por la guerra político-cultural intensificada con el neoliberalismo. La «nueva estrategia» del soberanismo no era sino la adaptación a la sociedad vasca de las sucesivas tesis de la Segunda Internacional, despedazadas por la ferocidad del capital.
El espejismo legalista pasaba por alto la gravedad extrema de la crisis desde 2007. Las promesas de mejoras democráticas casi inmediatas silenciaban en parte los efectos del empobrecimiento popular y del endurecimiento de la opresión nacional. A esto se unía el efecto desmoralizador de las derrotas de las izquierdas en el Estado y en Europa desde hacía años y el desconcierto por los cambios de un capitalismo que parecía imparable. En este contexto las victorias electorales sostenían una euforia político-institucional que se distancia cada vez más de las preocupaciones vivenciales del pueblo trabajador.
Y es en este divorcio creciente entre lo político-institucional y el malvivir popular donde adquiere su plena importancia el Gudari Eguna como memoria que confirma que después de cada derrota y/o fin de fase de lucha, más temprano que tarde se pone de nuevo en marcha el proceso de resistencia, lucha y guerra con formas diferentes pero con el mismo objetivo histórico. La derrota de las luchas nacionales en Europa, que por otra parte empiezan a explorar nuevos métodos, así como la tendencia a la recuperación lenta de la lucha de clases bajo las presiones del imperialismo y de su arma fascista, indican que de nuevo se activa, por ahora, lentamente la lucha de clases a la vez que se multiplican las amenazas y represiones porque la burguesía europea endurece la guerra social interna y la guerra imperialista externa.
En Euskal Herria asistimos a una activación que muchos creían imposible o mucho más lenta solo hace tres años. Pero será sobre otra realidad que apenas se sufría hace quince años cuando muchos se fascinaban por las promesas basadas en el espejismo de la democracia burguesa. Sabíamos que ese espejismo no existía. La juventud trabajadora y el pueblo obrero se enfrentan a un futuro demoledor al que solo puede derrotar vivificando la memoria en todo aquello que es vigente en la actualidad. El Gudari Eguna de 2026 nos enfrenta a la dura pero inexcusable tarea de saber qué errores se cometieron y qué debemos innovar. Esta tarea desborda el espacio de este artículo pero será recuperada en próximo dedicado a la vigencia de Lenin recordando aquellos Lenin Eguna que se ha celebraron incluso en medio de la claudicación.
Petri Rekabarren.
Fuente: Boltxe.
20 de septiembre de 2026
(1) https://www.resumenlatinoamericano.org/2026/09/11/cuba-sin-patria-no-habra-democracia/






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