
La que podría ser (o no) la candidata del denominado «Frente Amplio» ha querido hacer del antifascismo su bandera electoral, pero no aclara dónde termina el principio y dónde empieza el cálculo electoral.
Ada Colau ha llamado a una «lista única antifascista». Lo repite, lo enmarca, lo usa como eje de su regreso a la primera línea política. Sin embargo, su antifascismo se detiene en la frontera con Ucrania porque durante su gobierno como alcaldesa de Barcelona destacó por su apoyo al alcalde de Kiev y, el colaborador con el neonazismo ucraniano Vitali Klichko.

Klichko, aunque se declara «liberal», es un rusófobo de manual además de haber colaborado con el partido neonazi Svodoba. Durante las protestas del Euromaidán, el partido de Klichkó, UDAR (Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma), formó una alianza estratégica con el partido nazi Svoboda (Libertad) para derrocar al presidente prorruso Viktor Yanukóvich.
Colau que cuando se reunió con el alcalde de Kiev dijo: «Su causa es la nuestra» ahora dice querer formar una lista antifascista. ¡Caramba!
El antifascismo de Colau es de un solo ojo. Un antifascismo intermitente y que solo se enciende en época preleectoral. Pero si el antifascismo es un principio, debe ser coherente en todos los frentes. Si es solo una táctica, entonces no es antifascismo, sino cálculo electoral.
Ya solo queda preguntarse: lo de Colau, ¿es “Frente Amplio” o “jeta amplia”?






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