
La historia de Fidel es larga y Fidel es difícil de describir en pocas palabras. Se podría llamar al hombre, pero su identidad revolucionaria y el legado que dejó no se describen solo por atributos personales. Su increíble capacidad oratoria, su perfil desafiante o su inteligencia son conocidos; sin embargo, su historia está escrita con la verticalidad revolucionaria con la que guió su acción y materializó en una importante contribución teórica y práctica.
Los primeros pasos
Nacido el 13 de agosto de 1926, Fidel Castro Ruz era hijo de un acaudalado propietario de plantaciones azucareras. Este elemento, que parece ser una simple nota biográfica, revela que su camino traduce una opción de clase bien marcada. Es cierto que fue la cuna que le dio acceso a las mejores condiciones docentes y le permitió estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, pero Castro no quería sentirse cómodo.
Fue precisamente en la Universidad donde Fidel comenzó a involucrarse más en la llamada «vida política activa» y el contexto forjó una resistencia. En un discurso durante una reunión con estudiantes en la Universidad de La Habana el 3 de septiembre de 2010, dijo: «Pensé que nunca volvería a estos escalones de la universidad, donde descubrí mi destino», una frase combinada con otra que se le atribuye: «En la Universidad me convertí en un revolucionario.» Durante su carrera académica, Fidel se involucró en el movimiento asociativo estudiantil, que fue un fuerte candidato a la Federación de Estudiantes Universitarios.
No era de extrañar. Mientras estudiaba Derecho, Cuba estaba bajo el yugo de un régimen altamente corrupto que precedió a la dictadura liderada por Fulgencio Baptista, quien en 1952 llevó a cabo un golpe de Estado cuyo único propósito era servir a los intereses estadounidenses, cancelando las elecciones previstas. Empresas como Coca-Cola, ExxonMobil, Colgate-Palmolive o United Fruit Company saqueaban los recursos cubanos, mientras los trabajadores vivían en la más profunda miseria y los estadounidenses veían la isla como un salón de fiestas. Para que te hagas una idea, United Fruit, la empresa que patrocinó un golpe de Estado en Guatemala, además de ser cómplice de las mayores atrocidades en Honduras y Colombia, poseía 140.000 hectáreas de tierra cubana y controlaba gran parte de la infraestructura.
Este aspecto de la economía cubana, una economía subyugada a intereses económicos extranjeros, sembró en Castro un profundo espíritu patriótico de defensa del país. En su carrera universitaria, este mismo sentimiento le llevó a unirse al Partido Ortodoxo liderado por Eduardo Chibás, un partido progresista que defendía la soberanía cubana, la diversificación de la agricultura, el fin de grandes fincas, el desarrollo industrial, la nacionalización de los servicios públicos, la justicia social y una posición antiimperialista respecto a Estados Unidos.
«(…) Sin el mensaje de Eduardo Chibás, sin lo que hizo Eduardo Chibás, sin la civilidad y la rebeldía que despertó en la juventud cubana, el 26 de julio no habría sido posible. Principalmente entre los jóvenes que seguían a Chibás se reclutaban a nuestros combatientes. Si esa juventud no hubiera existido, si ese mensaje no hubiera existido, si esa semilla no se hubiera sembrado, el 26 de julio no habría sido posible. El 26 de julio fue, por tanto, la continuación de la labor de Chibás, el cultivo de la semilla que sembró en nuestro pueblo. Sin Eduardo Chibás, la Revolución Cubana no habría sido posible», dijo Fidel el 16 de enero de 1959, durante una manifestación en apoyo al gobierno revolucionario.
Esta declaración de Fidel reconoce el papel central de Chibás y del Partido Ortodoxo en la formación de una juventud que no se conformaba con la degradación del régimen vigente en Cuba, pero también de una juventud capaz de luchar por la soberanía de su país. Fue sobre la base de este clima existente, pero también debido a la ineficacia del Partido Ordoxo, que, tras el golpe de Estado de 1952, Fidel decidió formar su propio grupo político, que inicialmente funcionó clandestinamente y más tarde se convertiría en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7).
El asalto al Cuartel Moncada
Tras el golpe militar contra Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, Fidel organizó un grupo de jóvenes revolucionarios y durante unos 14 meses se dedicó exclusivamente a la preparación del asalto al Cuartel de Moncada que tendría lugar el 26 de julio de 1953. Este fue el punto de referencia que determinó el inicio de la revolución cubana.
El asalto fracasaría, pero la semilla permanecía para lo que vendría después. Fidel Castro fue arrestado, pero su juicio se volvió legendario. Fidel, ya abogado, llevó a cabo su propia defensa en los tribunales y redactó un documento titulado «La historia me absolverá». Al igual que Álvaro Cunhal en 1950 con «La defensa acusa» o la declaración de legítima defensa de Erich Honecker en 1992, Fidel Castro aprovechó el momento para denunciar la podredumbre del sistema actual, la corrupción, las deplorables condiciones en las que vivía el pueblo cubano, la forma en que los recursos nacionales eran robados por el capital extranjero.
«En cuanto a mí, sé que la prisión será más dura que nunca para nadie, llena de amenazas y crueldad mezquina y cobarde, pero no la temo, igual que no temo la furia del miserable tirano que arrebató la vida a setenta de mis hermanos. Condéname, no importa. La historia me absolverá», dijo Fidel en el tribunal, delante de todos, con palabras que resonaron por toda Cuba junto con su valentía.
Fidel fue condenado, pero la presión popular provocó su liberación 22 meses después, el 15 de julio de 1955. Si el régimen de Baptista no logró enclausurar al hombre, tampoco encerró su condena. El 12 de junio de 1955, junto a sus compañeros, Fidel fundó el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7) bajo el lema «La revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes» y, más tarde, el 7 de julio de 1955, se refugió en México, donde comenzó a preparar la lucha armada, que incluyó entrenamiento militar y la organización de la expedición del yate Granma.
Del exilio en México a la lucha armada
Fue en el exilio donde Fidel conoció a Ernesto «Che» Guevara, un joven médico que acababa de terminar una gira por América Latina que despertó en él un sentimiento internacionalista. Según varias fuentes, la química entre ambos fue inmediata. Che quedó fascinado por la capacidad oratoria de Fidel, así como por la densidad de su reflexión e impulso revolucionario. «He hablado con Fidel toda la noche. Y por la mañana, ya era el médico de su nueva expedición… Me impresionó especialmente Fidel. Compartía su optimismo. Necesitábamos actuar, luchar, materializar nuestras creencias», escribió Che en su diario.
El 18 de octubre de 1967, Fidel, en la solemne ceremonia en memoria de Che Guevara, en la Plaza de la Revolución, dijo: «Si queremos un modelo del hombre, un modelo del hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo del hombre que pertenezca al futuro, digo desde el corazón que este modelo, sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ¡ese modelo es Che!»
Durante los 18 meses que estuvo exiliado en México, Fidel adquirió la Granma, un yate de unos 19 metros, con capacidad para solo 12 personas, que acabó sirviendo como transporte para 81 valientes combatientes que desembarcarían en Cuba para iniciar la lucha armada, entre ellos Raúl Castro, hermano de Fidel; Che Guevara; Camilo Cienfuegos; y Juan Almeida. En las primeras horas del 25 de noviembre de 1956, antes de que la Granma abandonara México, Fidel dijo: «Si me voy, llego; si llego, entro; si entro, triunfo». El viaje, realizado en condiciones terribles, terminó el 2 de diciembre de 1956. La verdad es que, desde ese momento, la lucha armada no fue fácil.
Poco después del desembarco, las tropas revolucionarias fueron prácticamente diezmadas. Tras un ataque militar al servicio de Batista, de los 82 revolucionarios, quedaban 12 o 13 hombres. Fidel Castro y un pequeño grupo, entre los que se encontraban su hermano Raúl, Che Guevara y Camilo Cienfuegos, lograron escapar y se refugiaron. El punto de inflexión ocurrió en el lugar conocido como Cinco Palmas, donde Fidel y Raúl se reencontraron. Según relatos históricos, cuando Fidel preguntó cuántos fusiles tenía Raúl, la respuesta fue «cinco». Sumados a los dos que tenía Fidel, solo sumaban siete. Fidel dijo célebremente: «¡Ahora sí, ganamos la guerra!»
Fue a partir de ese momento cuando se desarrolló la guerrilla, con las adaptaciones tácticas necesarias. Un pequeño grupo se estableció en la Sierra Maestra y la lógica era reunir fuerzas poco a poco, atacando puestos militares aislados para obtener armas y reclutar campesinos locales. El punto de inflexión fue el ataque al cuartel de El Uvero el 28 de mayo de 1957. Ya con unos 127 hombres, los revolucionarios atacaron una guarnición de 140 soldados. La victoria, aunque sangrienta, fue un hito que consolidó a los guerrilleros como una fuerza de combate seria, atrayendo a más reclutas.
«¡Esta vez, es la Revolución!»
Con el crecimiento de los guerrilleros y las victorias sobre el terreno, las propias masas populares comenzaron a galvanizarse con los éxitos del Movimiento Revolucionario. Fidel concedió entonces una entrevista a Herbert Matthews de The New York Times con el objetivo de mostrar que, contrariamente a lo que afirmaba el gobierno títere, las fuerzas revolucionarias ya dominaban parte del territorio. En ese momento, Fidel asumió el papel de mando del ejército revolucionario, reforzando su visión táctica, y se presentó como el principal líder del M-26-7. Dos años después, los guerrilleros lograron la victoria. El 1 de enero de 1959, las fuerzas revolucionarias comenzaron a tomar el control de las principales ciudades y al amanecer Fulgencio Batista huyó a la República Dominicana. Ese día, en el Parque Céspedes de Santiago de Cuba, Fidel proclamó: «¡Esta vez, es la Revolución!»
«Esta vez, afortunadamente para Cuba, la Revolución realmente llegará al poder. No será como en 1895, cuando los americanos vinieron y se lo apropiaron. Intervinieron en el último momento y luego ni siquiera dejaron entrar a Calixto García, que había luchado durante 30 años, no querían que entrara en Santiago de Cuba. No será como en 1933, cuando el pueblo empezó a creer que se estaba gestando una Revolución y luego llegó el señor Batista, traicionó a la Revolución, tomó el poder y estableció una dictadura durante 11 años. No será como el año 1944, el año en que las multitudes se inflamaron creyendo que el pueblo finalmente había llegado al poder, y que quienes llegaban al poder eran ladrones. No hay ladrones, ni traidores, ni intervencionistas. Esta vez es la Revolución.» De este modo, Fidel no solo reforzó el compromiso revolucionario del M-26-7, sino que también destacó el proyecto soberano que lo sostenía.
Tras la proclamación de la victoria, Fidel no llegaría a La Habana hasta el 8 de enero de 1959, y ese mismo día, con absoluta claridad, alertó al pueblo cubano sobre los desafíos que se avecinaban: «La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y, sin embargo, aún queda mucho por hacer. No debemos engañarnos creyendo que todo será fácil en el futuro; Quizá todo sea más difícil en el futuro. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario.»
En cierto modo, parece que Fidel pudo prever el futuro. Las siguientes acciones honran el compromiso revolucionario asumido y, en dos años, todas las empresas estadounidenses fueron nacionalizadas. El contexto internacional, asociado a su acción, convirtió a Cuba en enemiga de Estados Unidos y, al mismo tiempo, en aliada de la Unión Soviética. Cabe señalar que, tras las nacionalizaciones, Estados Unidos puso en marcha las primeras sanciones, con Washington prohibiendo las exportaciones a la pequeña isla, salvo alimentos y medicinas.
Resistencia contra el imperialismo
En esta etapa de la revolución cubana hay tres elementos llamativos: el 16 de abril de 1961, Fidel habló ante miles de personas y proclamó que la Revolución Cubana era «una revolución socialista democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes»; el 17 de abril, a instancias de John F. Kennedy, Estados Unidos llevó a cabo la invasión de Bahía de Cochinos, un intento fallido de derrocar la revolución cubana, organizada por la CIA y que fue derrotada en 72 horas; y la crisis de los misiles de octubre de 1962, cuando Cuba consideró albergar misiles nucleares de la Unión Soviética, en respuesta a las amenazas estadounidenses en la isla, pero también a los misiles que los estadounidenses habían colocado en Turquía, como forma de amenazar a los soviéticos.
La verdad es que, a pesar de la tensión geopolítica, este momento permitió que Cuba se desarrollara y prosperara. Ante la amenaza del imperialismo, Fidel no cedió, apostó por la diplomacia, apoyó el bloque antiimperialista en el que se incluyeron los países socialistas y no alineados. A pesar de las dificultades naturales de un país subdesarrollado, Cuba estableció lazos bilaterales con la Unión Soviética basados en los principios de respeto internacionalista, lo que permitió al país desarrollarse manteniendo su soberanía. Se combatió la tasa de analfabetismo, los indicadores económicos mejoraron, la reforma agraria avanzó y la revolución avanzó.
El gran golpe para los destinos de la Revolución ocurrió con la caída de la Unión Soviética, principal aliado de Cuba, el 25 de diciembre de 1991. El Producto Interior Bruto (PIB) de Cuba se contrajo un 35% en solo dos años y la economía cubana atravesó profundas dificultades. Incluso en este contexto, Fidel no se rindió y resistió la ofensiva revanchista estadounidense. El gobierno de Castro declaró el «Periodo Especial en Tiempos de Paz», un estado de emergencia que duró la mayor parte de los años 90 para gestionar la escasez, y adoptó un conjunto de medidas para contrarrestar el grave revés.
De manera inteligente, durante este periodo, Fidel tuvo la astucia que le caracterizaba y el gobierno cubano permitió la parcial dolarización de la economía y la apertura al turismo internacional para aumentar divisas y, al mismo tiempo, protegió las inversiones en salud y educación. En ese momento, florecían focos de aire antiimperialistas en América Latina, lo que permitió, mediante el multilateralismo y el internacionalismo, recuperar parcialmente la economía cubana. Por ejemplo, a partir de 1999, la Venezuela de Hugo Chávez comenzó a suministrar petróleo a Cuba bajo condiciones más favorables. Mira lo que, desde 1960, Cuba ha sufrido por los ataques estadounidenses. El bloqueo económico estadounidense a Cuba se impuso oficialmente el 3 de febrero de 1962, pero no fue un acto puntual. Durante las décadas siguientes, la presión se intensificó: en 1964, Estados Unidos presionó a la OEA para imponer un embargo total a Cuba; en 1968 se prohibió la importación de productos que contenían níquel cubano; en los años 80, la administración Reagan aumentó la hostilidad creando Radio Martí para emitir propaganda antirrevolucionaria, así como restringiendo los viajes y el comercio; y en 1992, George H.W. Bush prohibió a las filiales de empresas estadounidenses en otros países comerciar con Cuba e impidió que los barcos que atracan en la isla entraran en puertos estadounidenses durante 150 días.
A pesar de todo este asedio, esto no impidió una vasta serie de logros. En educación, el logro más destacado fue la Campaña Nacional de Alfabetización, que redujo la tasa de analfabetismo del 38% al 3,9% en solo nueve meses, lo que llevó a la UNESCO a declarar a Cuba «Territorio Libre de Analfabetismo» en 1961. En salud, se realizaron inversiones que erradicaron enfermedades como la malaria, la polio y el sarampión; La mortalidad infantil, que superaba los 40 por cada 1000 nacimientos antes de 1959, descendió a niveles comparables a los de Canadá, unos 5 por cada 1000, y la esperanza de vida aumentó a 76 años para los hombres y 80 para las mujeres. En la cultura y el deporte, la revolución promovió su democratización, transformando estas actividades de privilegio de las élites en derechos del pueblo. Cuba se ha convertido en una potencia olímpica.
Fidel fue la cara de la revolución, pero también la cara de la resistencia. Sin protegerse en dificultades, las enfrentó y encontró formas de consolidar el camino revolucionario y soberano que siempre había defendido desde su juventud. En un discurso pronunciado el 3 de enero de 2004, con motivo del 45º aniversario de la Revolución Cubana, Fidel dijo: «Afirmamos esto desde Cuba, el país bloqueado durante 45 años, acusado y condenado no pocas veces en Ginebra por Estados Unidos y sus socios más incondicionales, que está a punto de alcanzar servicios de salud, educación y formación cultural con niveles de calidad que el Occidente desarrollado y rico ni siquiera soñó. y además, absolutamente gratuito para todos los ciudadanos, sin excepción».
Aunque falleció el 25 de noviembre de 2016, las ideas de Fidel no murieron. Su legado sigue muy vivo, Cuba sigue caminando su camino y su legado ha quedado inscrito en la historia de la humanidad. Generaciones de revolucionarios tienen en Fidel un mayor ejemplo de un hombre que nunca se arrodilló, un hombre que siempre luchó.
Fuente: Abril Abril.






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