Carlos Ríos: “El andalucismo revolucionario de Blas Infante no es autonomista, sino que tiene como objetivo estratégico la independencia de Andalucía”

La editorial Hojas Monfíes publica el ensayo «Blas Infante: Andalucía y revolución», escrita por el granadino J. Carlos Ríos, la obra se edita como homenaje al autor de Casares, a pocos meses de que se cumplan noventa años de su terrible asesinato, el diez de agosto de 1936.

Por Dani Seixo.

En su libro sostiene que Infante ha sido «domesticado» por las instituciones andaluzas. ¿Qué hechos concretos de su actividad revolucionaria considera que fueron silenciados o minimizados?

Un primer elemento es la pretendida “unidad” del andalucismo. Esta unidad desapareció casi al inicio de la actividad política de Infante, conforme la corriente revolucionaria que él dirigía iba cristalizando y consolidando su corpus teórico-práctico. La división se hizo patente en 1916 y se acentuó durante el Trienio bolchevique andaluz, girando en torno a dos figuras: el propio Blas Infante y José Gastalver. El primero sabía que la liberación de Andalucía pasaba por la reforma agraria, el segundo practicaba un andalucismo tecnocrático y complaciente con la distribución de los medios de producción, de la propiedad de la tierra en el país andaluz. En 1919, Blas Infante habló de estas dos formas opuestas del andalucismo y señaló: «[…] No queremos ni tendremos relación alguna, ideológica ni de organización, con la ideología y organización que dice representar el señor Gastalver».

A partir esta consideración inicial, en una muy breve síntesis, podría decirte que el andalucismo revolucionario de Blas Infante no es autonomista, sino que tiene como objetivo estratégico la independencia de Andalucía, poniendo como ejemplo el artículo 1º del proyecto de Constitución andaluza de 1883, que afirma que “Andalucía es soberana y autónoma y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior”.

Infante fue, además, un declarado internacionalista y antiimperialista. En sus escritos es frecuente encontrar alusiones al saqueo del continente americano, especialmente a la guerra del imperialismo español contra los independentistas cubanos, que vivió de cerca. Manifestó su apoyo incondicional a la III Internacional. También apoyó la libertad de los pueblos de Europa y de los peninsulares: «¿Qué nos importa a los andaluces que sean libres los gallegos o los vascos o los catalanes?». Su solidaridad y simpatía se extendieron también a Galicia, a la que hizo referencia en numerosas obras y que visitó en 1928, visita en la que contactó con los grupos nacionalistas gallegos de la época.

Fue también un firme partidario del socialismo, declarado comunista, apostando por la nacionalización inmediata de las grandes empresas y la erradicación de la propiedad privada de la tierra. Asimismo, fue defensor de una ética revolucionaria, que en el libro sostengo que está muy alineada con el concepto de “hombre nuevo” que unas décadas más tarde propusiera Ernesto ‘Che’ Guevara, como única manera de construir de verdad una sociedad comunista. Se trataba de una nueva moral que él llamó “altruismo consciente” y que pasaba por la entrega total del militante en la labor de construir una nueva sociedad.

En el libro afirmas que el mensaje de «paz social» que se le asigna no es la verdadera esencia de su pensamiento. ¿Cuál era entonces su propuesta de conflicto o ruptura con el sistema?

Su propuesta es la de una República Andaluza de carácter socialista fundamentada sobre una economía socialista en la que la principal motivación del pueblo no es enriquecerse, sino prosperar colectivamente. Y para ello apuesta por un Pueblo Trabajador Andaluz organizado, que nada fíe al Estado español y sus instituciones, y que se prepare para conquistar su tierra y su pan por los medios necesarios. Es lo que plantea en múltiples proclamas, discursos y escritos.

¿Considera que el independentismo andaluz actual ha asumido realmente la herencia revolucionaria de Infante o sigue lastrado por el «regionalismo social-liberal»?

En la Andalucía actual el regionalismo que está en las instituciones y el Parlamento (muchas veces disfrazado de “soberanismo”) no ha asumido la mayor parte de la praxis revolucionaria de Blas Infante y su movimiento. Mucho menos la ha desarrollado. En el mejor de los casos la ha adaptado, jibarizándola, a sus necesidades como fuerza institucional de carácter regionalista.

Solamente unas pocas organizaciones soberanistas e independentistas de carácter socialista y antiimperialista han recogido esa praxis del andalucismo revolucionario de Blas Infante para desarrollarla conforme a las experiencias y conocimientos que tenemos un siglo después.

En este sentido, hay que señalar que el partido Nación Andaluza ha desarrollado en sus últimos congresos de manera notable la categoría de “socialismo infantista”, una evolución, desde el punto de vista ideológico-político y estratégico, del andalucismo revolucionario de Blas Infante, sintetizándolo con los postulados marxistas y las luchas de liberación nacional de los últimos cien años, que practica en su acción política cotidiana.

¿Puede ser Blas Infante una figura reclamada por todas las formaciones andaluzas o existe un intento de apropiación que debe ser refutado y combatido?

Por todo lo dicho hasta ahora creo que ya puede preverse mi respuesta. No existió un Blas Infante “para todos” porque Blas Infante fue un dirigente político extremadamente incómodo para la oligarquía. Eso explica que fuera asesinado por las tropas fascistas tan solo unas semana después de que los militares franquistas se hicieran con Sevilla. Este libro aspira a denunciar su apropiación y mutilación por parte de las fuerzas del Régimen del 39-78 para recuperar las propuestas liberadoras del Blas Infante que vivió y murió por una Andalucía libre y un mundo mejor.

En su obra habla de Andalucía como nación oprimida en la división internacional del trabajo. ¿Qué salidas concretas proponía Infante para romper ese papel subalterno y cómo podrían aplicarse en el siglo XXI?

En su primera obra, Blas Infante dedicó un capítulo a analizar las razones del subdesarrollo andaluz. Contra la extendida andalofobia de su época (que pervive tristemente en la nuestra), concluyó que tales causas no obedecían a razones geográficas ni tenían relación con el carácter andaluz, sino que estaban enraizadas en la historia misma de nuestro país. Constató que Andalucía había sido un territorio civilizado y próspero hasta que «entra definitivamente en […] la integración de España». A partir de ahí, denunció «la miseria y la tiranía política y espiritual que infligiera la dominación española durante el último lustro de siglos» e hizo una serie de propuestas políticas que, en lo esencial, están aún por realizarse.

Por desgracia, en el presente, ni el fin de la propiedad privada de la tierra (“esclavitud de la tierra”, como la llama él) ni la nacionalización de los medios de producción, la emancipación de los intereses del imperialismo (empezando por Gibraltar, cuyo carácter andaluz los andalucistas revolucionarios reivindicaron ante la Sociedad de Naciones) o ese “altruismo consciente” que reivindicaba para la revolución Blas Infante están cerca de conseguirse, aunque son más necesarios que nunca.

¿Cree que la conexión que Infante estableció entre la opresión nacional andaluza y la lucha contra el latifundio es aplicable a otras naciones del Estado español sin tradición de gran propiedad agraria?

Quizás no de forma literal, en cuanto que existen unas diferencias en la estructura económica evidentes entre las distintas naciones que gobierna el Estado español como potencia administradora, y porque Blas Infante plantea la lucha contra la gran propiedad agraria no solo como una lucha económica, sino como una lucha por la descolonización de Andalucía, comprendiendo que su origen está en la conquista castellana de nuestro país.

No obstante, si, de forma general, consideramos que Blas Infante, en su lucha contra el latifundio, está denunciando la apropiación de los más abundantes medios de producción de Andalucía (la tierra) en manos de unos pocos, planteando aquí la necesidad de que esos medios de producción sean de propiedad social, se trata de una lucha por el socialismo que es aplicable a cualquier sociedad capitalista. Más aún en las naciones oprimidas donde la lucha por la superación del capitalismo tiene que pasar también por la conquista de la soberanía para los pueblos trabajadores.

A noventa años de su asesinato, ¿qué elementos de la praxis infantista (organización, alianzas, métodos de agitación) considera más útiles para los movimientos soberanistas que hoy se enfrentan al Estado español?

Si tuviera que destacar un elemento, sin duda señalaría su rechazo y denuncia del Estado español. Por eso en el Manifiesto de Córdoba de 1919 proclamaba: “Declarémonos separatistas de este Estado que, con relación a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo, los sagrados fueros de la Libertad”. Blas Infante repudió la conformación del “Estado centralista” español, que consideró heredero de la Unión Dinástica, esos reyes denominados “católicos”, y de los posteriores Decretos de Nueva Planta. En ese sentido, definía al Estado español como “una hacienda unificada por el derecho, ‘divino’, de los reyes”. No contemplaba una Andalucía libre sin la desaparición de ese Estado español porque su lucha no era de cortas miras, sino que tenía un carácter universalista y socialista. Desde esa mirada, no cabe la existencia de un Estado que es “expresión jurídica de una clase dictadora, la clase plutocrático burguesa”. Sus llamados a la revolución instaban a una revolución social, pero también política, que destruyese al decadente Estado español burgués.

Fuente: Nueva Revolución.

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