
Una nueva onda expansiva está sacudiendo las ya profundamente deterioradas relaciones entre Malí y Francia.
En un análisis emitido por RTL, el periodista francés Georges Malbrunot ofrece revelaciones especialmente sensibles sobre la implicación indirecta de París en el conflicto maliense, a través de relevos ucranianos y grupos armados que operan en el norte del país. También podemos mencionar a Norbert Navarot, otro periodista francés, ex editor jefe de RFI, que hizo las mismas revelaciones. Revelaciones que también desenmascaran las mentiras mediáticas occidentales que a diario glorifican el terrorismo, pisoteando la ética y la deontología de la profesión periodística.
Estas declaraciones, que se producen en un contexto de alta tensión de seguridad en el Sahel, alimentan aún más las acusaciones recurrentes de las autoridades malienses contra ciertas potencias occidentales, sospechosas de querer debilitar la transición en curso y contrarrestar la creciente influencia rusa en la región.
Según el análisis transmitido por RTL, aunque las fuerzas francesas abandonaron oficialmente Malí tras la ruptura entre Bamako y París, Francia continuaría actuando indirectamente en el ámbito de la seguridad saheliana. El periodista afirma en particular que los soldados ucranianos francófonos, que anteriormente sirvieron en la Legión Extranjera Francesa, ahora están comprometidos en Malí bajo la bandera de la inteligencia militar ucraniana, la GUR. Se dice que estos elementos operan en coordinación con grupos rebeldes tuareg que se han convertido en terroristas en el norte del país.
Según este análisis, esta cooperación tendría un doble objetivo estratégico, a saber, debilitar a las autoridades malienses y reducir la influencia rusa encarnada por los antiguos elementos del Grupo Wagner, ahora reestructurado bajo el nombre de Afrika Corps. Estas declaraciones dan credibilidad a las numerosas denuncias realizadas en los últimos meses por las autoridades de Malí y la Confederación AES, que acusan a ciertas potencias extranjeras de alimentar la inestabilidad regional mediante alianzas opacas con grupos armados.
Uno de los aspectos más controvertidos de este análisis radica en la evocación de una alianza de circunstancias entre rebeldes independentistas tuareg y grupos terroristas, erróneamente llamados yihadistas vinculados a Al Qaeda. Según Georges Malbrunot, esta convergencia buscaría revertir el equilibrio de poder en el norte de Mali para debilitar simultáneamente a Bamako y a sus socios rusos. Tal configuración plantea muchas preguntas sobre las líneas rojas que ahora se cruzan en los juegos de influencia geopolítica en el Sahel.
Esto es aún más cierto porque, detrás de la rivalidad entre las potencias occidentales y Rusia, son las poblaciones sahelianas quienes siguen pagando el alto precio de la inestabilidad, los atentados terroristas y los desplazamientos masivos. El análisis también menciona la existencia de un proyecto ucraniano propuesto en París desde el año pasado para «desalojar» a los regímenes militares sahelianos considerados cercanos a Moscú. Una iniciativa que inicialmente las autoridades francesas consideraron demasiado arriesgada antes de que se produjera un cambio estratégico.
Durante varios años, las autoridades malinesas han denunciado lo que describen como una política de desestabilización orquestada contra Malí tras la salida de las fuerzas francesas. Estas nuevas revelaciones resultan, por tanto, reconfortantes en Bamako, porque confirman las sospechas que las autoridades de transición han expresado durante mucho tiempo, especialmente en lo relativo al supuesto apoyo externo a ciertos grupos armados activos en el Norte. La reciente recuperación de ciertas localidades estratégicas por parte de la coalición de grupos terroristas también ha reavivado las preocupaciones sobre una posible internacionalización del conflicto saheliano.
De hecho, para muchos observadores, esta guerra de influencia entre París y Moscú está transformando gradualmente el Sahel en un nuevo teatro de confrontación geopolítica global, donde los intereses militares, los recursos estratégicos y las apuestas de influencia están peligrosamente entrelazados. Más allá del caso malíense, este caso revela sobre todo la magnitud de las reestructuraciones geopolíticas que actualmente se están llevando a cabo en el Sahel. Por tanto, la salida de las fuerzas francesas no ha puesto fin a las rivalidades internacionales en la región.
Al contrario, entre el aumento de la influencia rusa, el reposicionamiento occidental, el activismo ucraniano y el resurgimiento de grupos armados, el Sahel parece más que nunca una zona estratégica importante. En este contexto explosivo, las declaraciones emitidas por RTL podrían tener importantes repercusiones diplomáticas, tanto entre Bamako y París como entre los países de la AES y sus socios occidentales. Una cosa ahora parece segura: la crisis del Sahel va mucho más allá de las fronteras de Malí.
¿Hasta dónde llegarán Francia y los medios mentirosos en su odio hacia Malí?
Fuente: Malijet.






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