Fidel Castro: Memorias de un eterno joven rebelde (vídeo)

El cuerpo atlético y la palabra ágil debieron causar más de un desvelo. Porque el joven Fidel Castro de 16 años no pasaba inadvertido. No podía. Había en él una mezcla de pasión y curiosidad que lo llevaba a involucrarse en cuanto estuviera a su alcance.

Practicaba todos los deportes y era el jefe del cuerpo de exploradores del Colegio de Belén, en La Habana, donde estudiaba el bachillerato, y encontraba en cada desafío una oportunidad para probarse.

Fidel Castro, entre ríos y montañas

“Veía una montaña y me entraba una gran inquietud por subirla. Cruzaba todos los ríos”, recordaría muchos años después.

En Birán, el pueblo holguinero donde nació, desafiaba las aguas crecidas y se aventuraba a cruzar las corrientes más bravas. “Las de cualquier parte”, diría. También escalaba montañas, como aquella vez en que llegó hasta el Pan de Guajaibón, el punto más alto de Pinar del Río, “sin saber bien ni dónde estaba”.

De la Universidad a la política

En septiembre de 1945 llegó el muchacho a la escalinata de la Universidad habanera para matricular la carrera de Derecho, donde comenzaron sus estudios y se adentró en la vida política del país.

Contaba el intelectual Alfredo Guevara, también estudiante de la Colina en aquellos tiempos, que “Fidel era un muchachón impresionante; un volcán que agitaba a un grupo de estudiantes. Era un líder nato; a veces era un volcán que se desencadenaba, otras más calmado, pero en íntimo hervor”.

Fidel Castro, el líder entre los estudiantes

La revolucionaria santiaguera Gloria Cuadras evocaba al joven Fidel como un hombre alto, fornido, de nariz aguileña, ojos penetrantes y palabra fácil y elocuente.

“Era todo un rebelde, inteligente y audaz”, recordaría al rememorar un mitin ortodoxo en Santiago de Cuba. Según su testimonio, el discurso más fogoso de aquella jornada fue el pronunciado por Fidel. Muchos preguntaban entonces quién era aquel joven cuya voz conseguía conmover y exaltar a las multitudes. La respuesta circulaba entre los asistentes: era el líder estudiantil Fidel Castro.

El joven abogado se convirtió defensor de los humildes denunciaba sin miedos la corrupción de los gobiernos de turno y tenía muy claro el país que debía construirse

Por eso en 1952, cuando Batista golpeó el futuro de Cuba, entendió que luchar era el único camino, y a esa causa resolvió entregarse por completo.

Fidel reparaba a los grupos para manifestaciones en la calle, dirigía las células, estaba pendiente de la propaganda, el adiestramiento militar; la búsqueda de recursos económicos para comprar armas y uniformes, y preparaba a los muchachos antes del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

El 26 de julio: Fidel Castro y la insurrección

La noche acordada para el asalto llegó en medio de carnavales. Sobre las diez de la noche arribó Fidel a la Granjita Siboney y les habló con su palabra ardiente, y los convidó a tener fe en el triunfo, a ser valientes en la derrota; les aseguró que lo que pasara se sabría algún día, que la historia lo registraría.

Poco después sonaron los primeros disparos, fríos como la misma muerte. Fidel comprendió entonces que el factor sorpresa había fallado.

Muchos de sus compañeros fueron asesinados. Él consiguió llegar a las montañas orientales, como establecía el plan, y permaneció allí durante una semana de resistencia antes de ser capturado.

En septiembre, durante el juicio a los asaltantes, volvería sobre aquella jornada y sobre la sangre derramada por los jóvenes que habían marchado con él el 26 de julio de 1953.

Prisión, exilio y nuevos planes de lucha

La prisión no consiguió quebrar aquella voluntad. Tras recuperar la libertad, Fidel marchó al exilio y llegó a México decidido a preparar una nueva expedición hacia las montañas del oriente cubano.

Fue allí donde conoció a Ernesto Che Guevara, quien años después recordaría la confianza que Fidel despertaba incluso en las circunstancias más difíciles:

“Hubo quienes estuvieron en prisión 57 días (…) con la amenaza perenne de la extradición (…) pero en ningún momento perdimos nuestra confianza personal en Fidel Castro. Y es que Fidel tuvo algunos gestos que, casi podríamos decir, comprometían su actitud revolucionaria en pro de la amistad. Esas actitudes personales con la gente que aprecia son la clave del fanatismo que crea a su alrededor», decía el Che sobre Fidel, quien conoció en México.”.

El Granma y la Sierra Maestra

El yate Granma, con sus 82 muchachos tras el mismo sueño, llegó a la isla el 2 de diciembre de 1956, y con ese desembarco tempestuoso en Alegría de Pío, comenzó la vida en las montañas de los inexpertos guerrilleros.

Con fusiles al hombro y subiendo trillos empinados se unen los hombres. En la Sierra Maestra y entre el fuego de las ofensivas, Fidel se ratificó como el jefe del Ejército Rebelde.

Años después, durante el acto central por el aniversario 40 del triunfo de la Revolución, celebrado en el parque Céspedes de Santiago de Cuba, Fidel evocaría aquella hazaña:

 “Fue en el desarrollo de aquellas operaciones cuando el Che y Camilo, con aproximadamente 140 hombres el primero —según mis recuerdos, sin consultar documento alguno— y alrededor de cien el segundo, realizaron una de las más grandes proezas entre las muchas que he conocido en los libros de historia: avanzar más de 400 kilómetros desde la Sierra Maestra, después de un huracán, hasta el Escambray, por terrenos bajos, pantanosos, infestados de mosquitos y de soldados enemigos, bajo constante vigilancia aérea, sin guías, sin alimentos, sin el apoyo logístico de nuestro movimiento clandestino, débilmente organizado en la zona de su larga ruta. (…) Eran hombres de hierro”.

Fidel Castro y las madrugadas de Cuba

A veces en sitios intrincados en las lomas. Otras, metido en la Ciénaga. En alguna que otra ocasión inaugurando sueños. En esas madrugadas que enlazan un año con otro, Fidel siempre anduvo haciendo de las suyas. Junto a carboneros, cerca de artistas, unido a los constructores, rodeado de periodistas… Siempre con el pueblo, eso no variaba. 

Desde que en 1959 Cuba llegó a la libertad, algo especial ocurrió con esa madrugada en la que se despide un año y se recibe otro: le salieron barbas.

Ahora que se cumple el centenario de Fidel Castro tal vez cientos de abuelos recuerden cómo vivieron aquel primero de enero de 1959, los padres hablen de las veces que oyeron al líder hablar a su pueblo, y los niños pidan que les cuenten más sobre el hombre que hizo posible una Cuba con Navidades libres desde hace 67 años.

Y esta vez, como en cada último suspiro del almanaque, Fidel estará repartido por toda Cuba. Cada quien lo tendrá a su manera. Entre recuerdos llegan los suyos.

Fuente: Almayadeen.

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