La luz del Sol contra el bloqueo: China y la revolución solar de Cuba

China ha entregado un segundo envío de 5.000 sistemas fotovoltaicos a Cuba, destinados a comunidades rurales, centros de salud, guarderías y sucursales bancarias. Al recibirlos, el presidente Miguel Díaz-Canel dijo que Cuba «aprecia profundamente este gesto del pueblo y el gobierno chinos, que se suma a los esfuerzos que Cuba está realizando para cambiar su mezcla energética, en medio del bloqueo genocida».

La donación es una pequeña parte de lo que se ha convertido en una de las transiciones energéticas más rápidas del mundo. En los últimos dos años, gracias al equipamiento, la financiación y el apoyo técnico chinos, Cuba ha instalado alrededor de 1.000 MW de nueva capacidad fotovoltaica. Esto constituye la primera mitad de un programa para construir 92 parques de tamaño medio, cada uno generando aproximadamente 21,8 MW, con una capacidad combinada que se acerca a los 2.000 MW para 2028. Junto a este programa financiado por créditos, China está donando otros 120 MW a través de una red de parques más pequeños. La energía solar suministró aproximadamente el 10 por ciento de la electricidad de Cuba durante 2025. Durante las horas de luz su contribución es ahora considerablemente mayor, llegando a veces a acercarse a la mitad de la generación nacional alrededor del mediodía.

La magnitud de esta cooperación en expansión puede leerse en las cifras comerciales. Las exportaciones chinas de equipos solares a Cuba ascendieron a 117 millones de dólares en 2025, frente a solo 3 millones de dos años antes. La Habana también ha eliminado los aranceles sobre sistemas fotovoltaicos, calentadores solares, aerogeneradores, biodigestores y aire acondicionado alimentado por energías renovables.

Una emergencia provocada en Washington

El contexto es una cuadrícula en crisis. La demanda máxima en la isla ronda los 3.200 megavatios, mientras que la capacidad disponible ha caído en ocasiones a 1.100, apenas un tercio de lo necesario. El resultado ha sido apagones rotativos que duran muchas horas al día, colapsos repetidos del sistema nacional y fallos indirectos en otros lugares: unas 225.000 personas han tenido recientemente dificultades para conseguir agua porque las bombas no tienen electricidad.

La crisis energética de Cuba no puede entenderse aparte del bloqueo, y mucho menos presentarse como evidencia del fracaso inherente de la planificación socialista. Es una consecuencia del asedio genocida de energía del régimen de Trump. Las centrales termoeléctricas de Cuba son antiguas y carecen de repuestos; su combustible importado ha sido bloqueado. Washington ha pasado los últimos dos años persiguiendo a los petroleros que abastecen la isla, sancionando a los cargadores y presionando a los proveedores, hasta el punto de que se informó que Cuba estaba a semanas de quedarse sin petróleo. Un bloqueo que ya va en su séptima década, condenado el año pasado por 165 países en la Asamblea General de la ONU con solo unos pocos votos en contra, está diseñado precisamente para generar hambre y desesperación.

Eso es lo que hace que el programa solar sea más que un proyecto de infraestructura. Cada megavatio generado por la luz solar cubana es un megavatio que no puede ser embargado, interceptado ni autorizado. El programa constituye un paso importante tanto hacia la soberanía energética como hacia la sostenibilidad medioambiental.

Solidaridad, no caridad

Se trata de un programa conjunto más que de un regalo llave en mano: China suministra equipos, financiación y soporte técnico, mientras que Cuba proporciona los sitios, trabajos de construcción, conexiones a la red y personal formado necesarios para poner en funcionamiento los parques.

La implicación de China en el sector energético cubano precede con creces los parques solares y se conecta directamente con la larga historia de solidaridad entre ambos países: la defensa constante de Cuba de la República Popular, la oposición china al bloqueo y su compromiso compartido con el desarrollo socialista.

En 2021, Cuba se unió a la Asociación Energética de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, liderada por China, para desarrollar sus fuentes de energía renovable y fortalecer la soberanía energética. Pekín ha enviado 70 toneladas de piezas de generador para restaurar la capacidad termoeléctrica, ha aprobado 80 millones de dólares en ayuda de emergencia y ha enviado decenas de miles de toneladas de arroz para ayudar a responder al asedio actual. El embajador Hua Xin ha descrito la cooperación como de gran importancia estratégica:

A nivel social, proporcionará a la población un suministro eléctrico limpio, estable y fiable, mejorando así su bienestar. A nivel económico, el ahorro en divisas extranjeras impulsará la recuperación económica de Cuba. Y a nivel medioambiental, la reducción anual de las emisiones de carbono contribuirá a la gobernanza climática global.

Gran parte del apoyo a China proviene directamente de donaciones o de financiación estructurada de manera que reduce la exposición a sanciones estadounidenses, un enfoque inaccesible para los prestamistas occidentales, que no tocarán Cuba por temor a sanciones secundarias.

China y la transformación energética global

Que Cuba pueda emprender una transformación solar a esta escala y ritmo es, en gran medida, una función de lo que China ha construido en casa. Tras haber invertido a una escala sin precedentes en fabricación e innovación, China fabrica ahora más del 80 por ciento de los módulos solares mundiales y gran parte de la cadena de suministro asociada, y está construyendo alrededor de dos tercios de los proyectos eólicos y solares del planeta, lo que ha reducido el coste global de la generación fotovoltaica a una fracción de lo que era hace una década. Ese colapso de precios, logrado en gran parte mediante planificación a largo plazo e inversión pública, está haciendo viable que una isla bloqueada reingeniera su red.

Cuba no es el único beneficiario. Los mismos paneles baratos están impulsando una transformación energética en toda África, donde cientos de millones aún carecen de electricidad fiable. Mientras que las potencias imperialistas ofrecen privatización, desregulación, ajuste estructural, presión política y conferencias, China proporciona infraestructuras, finanzas, conocimientos tecnológicos e ingenieros.

Las dificultades siguen siendo enormes: el almacenamiento es insuficiente, las centrales termoeléctricas requieren reparaciones extensas y Washington sigue endureciendo el asedio. Pero Cuba está construyendo, junto con la China socialista, un sistema energético progresivamente menos vulnerable a la coerción imperial. Los petroleros pueden ser interceptados, los proveedores amenazados y los bancos sancionados; pero la luz solar no puede ser bloqueada.

Por Carlos Martínez.

Fuente: Socialist China.

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