Andrea Pérez, analista política nicaragüense: “El sandinismo sigue vivo porque sigue vinculado a la historia y a la vida del pueblo”

Por Andoni Baserrigorri.

Andrea Pérez es una joven nicaragüense, analista política, abogada y estudiante de Sociología. Desde su experiencia política y académica participa en espacios de formación, organización y reflexión sobre la historia, la cultura y la realidad política de Nicaragua.

Andrea, eskerrik asko, gracias en el idioma vasco de mi tierra, de mi patria, por el tiempo que vas a emplear en responder las cuestiones que te vamos a plantear. Para empezar, hemos comentado que eres militante sandinista. Tras diversas divisiones por parte de algunos históricos sandinistas, ¿cómo calificarías la salud actual del sandinismo en su relación con el pueblo?

Yo te diría algo desde mi propia experiencia ¨el sandinismo está vivo, está organizado y está profundamente arraigado en nuestro pueblo¨ Y esto no lo digo solamente porque lo leí en un documento, uno lo puede ver en los barrios, en las comunidades, en los espacios de organización y, sobre todo, lo veo en una generación joven que asumió como propia una historia que no vivió directamente.

Yo soy joven y no viví la lucha de Sandino ni la insurrección contra Somoza. Pero eso no significa que esas luchas sean ajenas a mí. Al contrario, forman parte de la historia política que me explica a mi como nicaragüense. El sandinismo forma parte de nuestra memoria histórica y de nuestra identidad, es muy fácil encontrar en la familia de los nicaragüenses una persona que combatió o colaboro para derrocar a Somoza y si es en la guerra contra la contrarrevolución ahí están nuestros tios, papás, abuelos, hermanos, unos lograron ver el sol de la victoria y otros se convirtieron en nuestros  héroes y mártires.

Para nosotros el sandinismo no es solo una organización política. Es una corriente política revolucionaria que nace de una historia concreta como es la lucha antiimperialista de Sandino, la fundación del FSLN por Carlos Fonseca y sus compañeros, la lucha contra la dictadura somocista y posteriormente la construcción de una Nicaragua diferente.

Por eso tampoco creo que las divisiones de algunos antiguos dirigentes que luego se alinearon al imperialismo puedan utilizarse para declarar la muerte del sandinismo. El sandinismo no pertenece a una generación de dirigentes. Pertenece a un pueblo.

Y hay algo que considero todavía más importante y es que el Frente Sandinista continúa teniendo organización territorial desde las bases populares. Las Unidades de Victorias Electorales, las UVES, son parte de esa estructura territorial que permite trabajar directamente en barrios y comunidades. Pero además hay un componente de formación.

Nosotros entendemos que la organización política sin formación termina convirtiéndose en activismo vacío. Por eso existen espacios donde se estudia historia, cultura, identidad nacional, memoria histórica y realidad política.

Yo misma considero fundamental esa formación porque una revolución no solamente necesita gente que marche necesita gente que piense, que estudie y que comprenda por qué lucha.

Y aquí hay una discusión que me parece importante con determinados sectores de la izquierda europea. Existe una parte de esa izquierda, particularmente vinculada históricamente al eurocomunismo y a sus posteriores transformaciones ideológicas, que terminó adoptando categorías del liberalismo político occidental hasta el punto de coincidir con el discurso imperialista sobre determinados procesos latinoamericanos.

¿A mí eso me genera un disgusto enorme porque qué clase de internacionalismo es aquel que termina repitiendo el discurso de las potencias contra nuestros pueblos? Porque nosotros podemos discutir, podemos analizar críticamente nuestro propio proceso, desde nuestra realidad, eso es algo que nos compete realizar a nosotros como nicaragüenses. Pero una cosa es la crítica revolucionaria y otra muy diferente es terminar pidiendo que Estados Unidos o Europa decidan el destino de Nicaragua. Nosotros no necesitamos traidores.

Y lo digo con claridad,  no necesitamos personas que alguna vez estuvieron dentro del proceso revolucionario y que después utilizaron esa trayectoria para presentarse ante gobiernos extranjeros como representantes de Nicaragua y pedir intervención, sanciones o presión internacional. Eso no es internacionalismo.

El internacionalismo es defender el derecho de los pueblos a decidir su propio destino.

Daniel Ortega y Rosario Murillo ejercen la copresidencia de Nicaragua. ¿Nos podrías explicar cómo funciona esta bicefalia en el gobierno de Managua y cuáles son sus funciones?

Primero hay que decir que actualmente hablamos de una Copresidencia constitucional, no simplemente de una situación política informal. Pero más allá de la explicación jurídica, creo que hay que comprender cómo funciona nuestro modelo político desde nuestra propia experiencia histórica.

En Nicaragua existe una concepción del poder que el sandinismo ha denominado Pueblo Presidente. Esto significa que nosotros no entendemos la política únicamente como una relación entre instituciones y ciudadanía cada cuatro o cinco años. La idea es que el pueblo tenga protagonismo permanente en la vida política, social y comunitaria.

Y para entenderlo hay que mirar de dónde venimos. Durante buena parte de nuestra historia, Nicaragua estuvo marcada por las llamadas “paralelas históricas” liberales y conservadores disputándose el control del Estado mientras enormes sectores populares permanecían excluidos. Por eso nosotros insistimos en esa lectura histórica en la cual aquellas élites se repartían el poder mientras el pueblo carecía de derechos y servicios fundamentales. El sandinismo rompe con esa lógica. Nosotros no entendemos nuestra experiencia política simplemente como una alternancia entre partidos. Entendemos la Revolución como una ruptura histórica con un modelo oligárquico y dependiente.

Ahora bien, sobre la copresidencia, considero que aquí es importante hacer una precisión porque en algunos medios europeos se presenta la Copresidencia como si fuera una especie de arreglo informal entre el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo. No es así. La Copresidencia está establecida constitucionalmente.

La reforma constitucional establece que el Poder Ejecutivo está integrado por la Presidencia de la República, la Vicepresidencia y los ministerios y demás instituciones correspondientes, y establece específicamente la figura de la Co-Presidencia y la Co-Presidenta de la República. Ambos ejercen conjuntamente la titularidad del Poder Ejecutivo. Esto significa que no estamos hablando de dos gobiernos separados ni de una división del país en dos centros de poder, sino de una conducción conjunta del Ejecutivo, con funciones y atribuciones constitucionales.

Entre esas funciones están dirigir el Gobierno y la administración pública, representar al Estado, dirigir las políticas nacionales y ejercer las demás atribuciones que establece la Constitución y las leyes.

Además, la propia Constitución establece que la Presidencia y la Vicepresidencia son electas mediante sufragio universal, igual, directo, libre y secreto, y que el período para el que fueron electos es de seis años. Hago incapie en que actualmente nos encontramos en consultas populares sobre aumentar este periodo a siete años.

Por tanto, cuando hablamos de la Copresidencia tenemos que entenderla dentro de la institucionalidad nicaragüense actual y no desde categorías prefabricadas desde las elites u oligarquías extranjeras. Ahora bien, aquí hago una pausa porque políticamente hay algo que para mí es todavía más importante. El comandante Daniel y la Compañera  Rosario representan una conducción política que no puede separarse de la historia del Frente Sandinista y de la Revolución Popular Sandinista.

El comandante Daniel Ortega no apareció ayer en la política nicaragüense. Es un dirigente histórico del Frente Sandinista, combatiente contra la dictadura somocista, preso político durante el somocismo, miembro de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional después del triunfo revolucionario y posteriormente Presidente de Nicaragua. Y  la Compañera Rosario Murillo tampoco puede entenderse simplemente desde el cargo institucional que ocupa. Ha tenido durante décadas una participación política y cultural muy activa dentro del proceso sandinista, tanto antes como después del triunfo de 1979 y, lo ha hecho desde el Gobierno, y ha estado vinculada a políticas sociales, educativas, culturales y de comunicación. Es por eso que nosotros no vemos la Copresidencia únicamente como una fórmula administrativa.

La entendemos también dentro de una concepción política en la que el Estado debe estar al servicio de un proyecto nacional y de las mayorías populares. Nosotros no entendemos la política simplemente como elegir entre dos élites. Entendemos que debe existir participación popular organizada, y ahí entran las estructuras territoriales del Frente Sandinista, las Unidades de Victorias Electorales, los movimientos sociales, las organizaciones comunitarias y los espacios de participación.

Entonces, si me preguntas cómo funciona la Copresidencia, la respuesta institucional es sencilla es un Poder Ejecutivo encabezado conjuntamente por el Co-Presidente y la Co-Presidenta, con las atribuciones que establece la Constitución. Ahora qué significa políticamente dentro del proyecto sandinista, pues es la continuidad de un proyecto político que entiende el poder no como patrimonio de una élite, sino como instrumento para transformar las condiciones materiales de vida del pueblo y defender la soberanía nacional.

Hemos visto las inmensas marchas y mítines del 19 de Julio. Da la impresión, dejando a un lado lo que digan los medios de comunicación del imperialismo, que el pueblo está con el gobierno sandinista.

Para nosotros el 19 de Julio no es un acto electoral. Es nuestra fecha histórica.

Es el día en que recordamos la derrota de la dictadura somocista y la entrada del pueblo en una nueva etapa de su historia. Y para una persona joven como yo  el sandinismo es más que una memoria del pasado es  una  memoria revolucionaria, que recibimos de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros maestros, de nuestros compañeros y de nuestros espacios de formación.

Cuando miles de personas salen a conmemorar el 19 de Julio, no están simplemente expresando una preferencia política. Están diciendo que aquella historia todavía tiene significado. Por eso me parece tan importante lo que está ocurriendo actualmente con la educación.

En julio comenzó la consulta nacional de la Estrategia Nacional de Educación 2027-2030, con participación de estudiantes, docentes, universidades y otros sectores de la comunidad educativa. En el Congreso Nacional de Educación participaron más de 12.000 personas. Y esto me interesa especialmente como estudiante, porque nos están preguntando qué educación queremos.

Además, se están desarrollando diplomados en las Unidades de Victorias electorales, que te mencionaba anteriormente enfocados  en Historia, Identidad Nacional, Soberanía y Conciencia Revolucionaria. Para mí eso tiene una importancia enorme. Porque si dejamos que nuestra historia sea contada exclusivamente por los medios extranjeros, terminamos viendo Nicaragua desde los ojos de otros.

Las algaradas que tanto dolor y muerte ocasionaron hace algunos años… ¿Podemos decir que se le ha dado solución política al hecho de que un sector de la juventud salga engañada a la calle a provocar tanto dolor?

Si como te mencionaba anteriormente el Gobierno esta llevando a cabo procesos de formación histórica y política, para abordar este temas, pero además yo creo que hay que hablar de 2018 con mucha seriedad. Fue un período de enorme violencia y fractura social. Hubo víctimas, familias afectadas y una ruptura profunda de la convivencia. Pero también considero que debemos discutir quién construye la memoria de ese período y con qué fuentes. Durante años, buena parte de la izquierda europea recibió una única narrativa sobre Nicaragua. Una narrativa construida fundamentalmente a partir de determinados medios, organizaciones y actores políticos.

A ellos yo les diría que lean también a Nicaragua desde Nicaragua. Con esto les estoy pidiendo algo muy sencillo y es que contrasten información.

Hay trabajos como El monopolio de la muerte, publicado en la pagina web ¨Tortilla con Sal¨, te voy a dejar el link https://www.tortillaconsal.com/images/enrique_hendrix_8-7-2018.pdf ,  en este trabajo se cuestionan determinadas cifras y reconstrucciones sobre las víctimas de 2018. Ese tipo de investigaciones forma parte de varias investigaciones que debería ser conocida y contrastada por quien quiera estudiar seriamente lo ocurrido.

Por eso hay que preguntarse ¿por qué una parte de aquella movilización terminó convergiendo con sectores que recibieron apoyo y financiamiento internacional?

Nosotros tenemos una memoria histórica de las operaciones de intervención extranjera. Por eso no podemos analizar 2018 como si hubiera ocurrido en un vacío histórico. La solución, en mi opinión, para esta supuesta izquierda revolucionaria que cabildea contra Nicaragua pasa también por el deber político de investigar antes de tomar posturas para ver quien posea mas superioridad moral o se apega a los valores de democracia liberales.

Vamos al tema importante y que tanto ha tergiversado el imperialismo. ¿En qué consiste esta ley? ¿Qué se intenta conseguir con ella?

Bueno, si estamos en un proceso de consultas para realizar reformas parciales a la constitución, pero mas álla del la discusión jurídica y la postura esta de defender una concepción del Estado Liberal, yo la entiendo todo este proceso  dentro de una discusión mucho más marcada en torno a  ¿quién debe decidir sobre Nicaragua?

¿Los nicaragüenses o las potencias extranjeras?, nosotros cuando hablamos de reformas parciales, no estamos hablando solamente de procedimientos técnicos. Estamos hablando de soberanía. El compañero presidente de la Asamblea Nacional Gustavo Porras ha explicado en este proceso que la discusión actual está vinculada con la experiencia histórica de intervención extranjera y con la necesidad de impedir que fuerzas externas vuelvan a utilizar los procesos electorales para condicionar la política nacional. Y para nosotros esa preocupación no es nueva.

Nicaragua tiene una historia de ocupaciones, intervenciones, gobiernos condicionados y conflictos en los que Estados Unidos tuvo un papel determinante. Por eso cuando nosotros hablamos de defender la soberanía no estamos utilizando una palabra vacía. Estamos hablando de la defensa no solo territorial, sino de la defensa de un proceso político, histórico y popular que ha reinvindicado los derechos de las clases desposeídas.

¿Piensas que los objetivos políticos que se marca están suficientemente explicados a los sectores que sostienen al sandinismo? Porque los otros sectores ya sabemos que van a tergiversar y tratar de engañar.

Siempre tenemos que hacer pedagogía política. Yo no creo que la militancia deba limitarse a repetir consignas. Tenemos que estudiar. Tenemos que conocer nuestra Constitución, nuestra historia, nuestra realidad económica y también la historia del imperialismo en Nicaragua.

Y por eso valoro tanto los procesos de formación política y cultural que se desarrollan desde las bases. El militante sandinista debe saber explicar por qué defendemos la soberanía. Y también debe conocer qué ha ocurrido en Nicaragua a lo largo de nuestra historia, yo considero que se esta realizando un muy buen trabajo en territorio para informar a las bases.

¿Piensas que con la excusa de esta ley los sectores fascistas pueden volver a organizar revueltas?

No creo que debamos vivir con miedo ni pensando que cualquier diferencia política va a terminar necesariamente en violencia. Pero tampoco hay que pecar de inocentes,  Nicaragua tiene una historia demasiado larga de intervención extranjera como para olvidar que las potencias también utilizan mecanismos políticos internos para intentar recuperar influencia. Y nosotros tenemos una experiencia muy reciente. Por eso el Frente Sandinista de Liberación Nacional esta trabajando en el fortalecimiento de la organización popular y la conciencia política.

Ahora con respecto al tema de la ¨libertad de expresión¨ en Nicaragua existen partidos opositores de derecha, yo quiero dejar claro que no ser sandinista no es un delito, el delito  es menoscabar la soberanía nacional como lo han venido haciendo varios solicitando intervención extranjera.

Hablan de Ortega y Murillo como dictadores. Nosotros sabemos que no lo son. ¿Qué argumentos darías para reforzar esta idea?

Yo voy a volver a recalcar que dejemos de analizar Nicaragua mediante etiquetas fabricadas desde fuera. “Dictadura” es un calificativo que se ha convertido muchas veces en una palabra que sustituye al análisis.  El Comandante Daniel Ortega y Rosario Murillo ejercen cargos establecidos constitucionalmente y llegaron a ellos mediante procesos electorales, por lo que reducir toda la realidad nicaragüense a la palabra “dictadura” es una simplificación cargada de intereses.

Nicaragua tiene una historia política propia. No venimos de una democracia social consolidada que de repente fue destruida por el sandinismo. Venimos de dictaduras, intervenciones extranjeras y de las llamadas “paralelas históricas” liberal-conservadoras que durante décadas se disputaron el poder mientras las mayorías populares quedaban excluidas.

Una última pregunta. Tras lo ocurrido en Venezuela en enero, ¿cómo ves el futuro próximo de Nuestra América con un imperialismo cada vez más agresivo y fascista?

Lo veo como una etapa de mucha disputa. Y creo que América Latina está entrando nuevamente en un período en el que la soberanía va a ser una de las principales contradicciones políticas. Nosotros vemos lo que ocurre en Venezuela, vemos lo que ocurre con Cuba, vemos las presiones sobre otros gobiernos latinoamericanos y entendemos que el imperialismo no ha desaparecido. Lo que han cambiado son los métodos.

Hoy no siempre necesitan enviar marines. Existen sanciones económicas, campañas mediáticas, operaciones de influencia, presión diplomática, financiamiento de actores políticos y utilización de determinadas organizaciones para intervenir en procesos internos.

Y aquí creo que la izquierda progresista tiene que hacerse una pregunta muy seria ¿Van a defender la soberanía solamente cuando el pueblo que la defiende nos gusta políticamente? Porque si ese es el criterio, entonces no estamos hablando de internacionalismo. Estamos hablando de una izquierda que selecciona qué pueblos merecen solidaridad según los criterios de las potencias occidentales. Y ahí es donde yo creo que el eurocomunismo dejó una herencia problemática.

Una parte de aquella izquierda terminó separándose de una concepción de lucha de clases y antiimperialismo para acercarse progresivamente a una idea liberal de democracia que, en determinados momentos, termina coincidiendo con el discurso de Washington y Bruselas. Yo como joven no quiero eso. Quiero una izquierda que sea capaz de mirar a América Latina desde América Latina.

Fuente: Haize Gorriak.

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