Entrevista a Iñaki Gil de San Vicente: “La lección que debemos extraer es que la formación teórica marxista actualizada sobre los más recientes cambios del capitalismo es una necesidad permanente”

Por Andoni Baserrigorri.

El marxismo, no es un dogma único, parado y cerrado. El marxismo ante todo es dialectico y el marxismo esta sujeto a todo tipo de actualización de análisis. A esto Lenin le llamo análisis concreto de la realidad concreta.

Los análisis que valen para Europa occidental quizás no sirvan para Nuestra America. O los análisis que sirven para la realidad de la Republica Democratica de Corea quizás  no sean de utilidad para Euskal Herria. Cada pueblo tiene unas condiciones y para esas consiciones se deben usar los análisis marxistas adecuados

Hemos querido dialogar con Iñaki Gil de San Vicente sobre estas cuestiones. Varias veces lo hemos hecho en varios formatos, pero siempre sobre aspectos geopolíticos. Esta vez queremos hacerlo sobre la actualidad del marxismo

Eskerrik asko, Iñaki por el tiempo, sabemos en Haize Gorriak que siempre estas muy ocupado y agradecemos el esfuerzo que haces en responder a estas cuestiones

 En varios textos incluso en algún libro has insistido en la importancia de la dialéctica…. ¿Sigue teniendo la dialéctica la importancia que le concedes para la tarea de utilizar bien el marxismo en los análisis de nuestras realidades?

Para mí, una de las mejores formas de explicar cruda y directamente qué es y para qué sirve la dialéctica marxista es la frase de Jorge Sand con la que Marx cierra su demoledora crítica al reformismo de Proudhon en Miseria de la filosofía de 1847: «Luchar o morir; la lucha sangrienta o la nada. Es el dilema inexorable». En el marco de la lucha de clases y sobre todo en su forma de lucha de liberación nacional y antiimperialista, la dialéctica en acción, su desenvolvimiento y avance inmisericorde hacia la unidad y lucha de contrarios que determina en el problema en el que estamos inmersos, esta dialéctica nos conduce siempre al “dilema inexorable” de tener que optar entre “luchar o morir”.

En el marco más específico del pensamiento, de la lógica, de la filosofía, de la cultura, de las ciencias, de la epistemología, etc., y de la creatividad estética, en este marco la dialéctica también nos lleva tarde o temprano, pero inevitablemente, al “momento de opción”, es decir, al momento en el que debemos tomar decisiones arriesgadas para nuestro futuro. Dado que malvivimos en un mundo estructurado por y para la opresión de la mayoría por la minoría, dado que la unidad y lucha de contrarios rige nuestra vida, siempre llega el momento en el que esa realidad objetiva genera diversos grados de respuestas subjetivas que pueden terminar chocando contra el poder, siendo la mayoría de ellas tímidas, parciales, dubitativas y tendentes a la claudicación reformista o derrotista: muy pocas son revolucionarias en un primer instante.

Se me dirá que para llegar a ese punto no hace falta la dialéctica, que solo basta la coherencia personal y un pensamiento mínimamente crítico. Y aquí radica el problema y la trampa: el primero, el problema, consiste en que la ignorancia funcional impuesta nos hace creer que la dialéctica es un invento inservible de filósofos abstrusos que divagan con una terminología incomprensible, invento aprovechado por burócratas  de izquierda para engatusarnos con su labia. La trampa consiste en que, ya en este agujero, rechazamos la dialéctica en nuestra vida cotidiana y sobre todo ignoramos que existe como método que nos ayuda a ser libres. De este modo, llega un momento en el que detenemos nuestro avance hacia la libertad porque creemos que hemos llegado al máximo de las posibilidades de acción y que a partir de ese instante debemos aceptar el camino que el sistema nos ofrece, o ceder y claudicar por miedo a la represión.

La dialéctica, sin embargo, es objetiva porque refleja el movimiento de la realidad,  determinado por el choque permanente y a diversos niveles de diferencias, oposiciones y contradicciones que agitan esa la realidad natural y social de la que somos parte. La dialéctica subjetiva es la capacidad humana de conocer y sintetizar teóricamente el movimiento de la naturaleza. Más aún, la antropogenia es ella misma pura dialéctica de la naturaleza, al margen de nuestro conocimiento subjetivo. Tal vez, la primera definición de la dialéctica aparezca en la Ilíada cuando tras intensos debates entre los troyanos se llega a la conclusión de que hay que optar por la lucha a muerte para mantener libre a Troya. Según esta primera acepción, la dialéctica es el proceso de pensamiento que nos descubre que las contradicciones han llegado a tal grado de antagonismo que no queda otra posibilidad que la resumida en la frase de Jorge Sand, citada por Marx: «Luchar o morir; la lucha sangrienta o la nada. Es el dilema inexorable».

Es perfectamente compresible que todas las clases dominantes denigren u oculten el método dialéctico, y que todos los reformismos lo excluyan de su acción intelectual a la vez que reducen el marxismo a una de tantas corrientes ideológicas progres disponibles a precios baratos en las librerías. Las burocracias reformistas, todas, excluyen la dialéctica de los escasos cursos de formación que ofrecen a sus bases, cursos que buscan la capacitación técnica básica para administrar las instituciones burguesas durante un año electoral, en vez de formarlas en un pensamiento revolucionario consciente de que el socialismo y la independencia nacional de clase son inalcanzables respetando la dictadura del capital.

Para concluir esta respuesta: sin dialéctica no existe el marxismo clásico, porque está presente de forma  explícita e implícita en todos sus textos. Por ejemplo en el de 1847 arriba visto y el de 25 años después, en el famoso Prólogo de El Capital de 1872, donde Marx define cómo es su  “método dialéctico”:

“Mi método dialéctico no sólo es en su base distinto del método de Hegel, sino que es directamente su reverso. (…) Yo he criticado el aspecto mistificador de la dialéctica hegeliana hace cerca de 30 años, cuando todavía estaba de moda.(…)  me he declarado yo abiertamente discípulo de aquel gran pensador e incluso, en algunos pasajes del capítulo sobre la teoría del valor, he llegado a coquetear con su modo particular de expresión. La mistificación sufrida por la dialéctica en las manos de Hegel, no quita nada al hecho de que él haya sido el primero en exponer, en toda su amplitud y con toda conciencia, las formas generales de su movimiento. En Hegel la dialéctica anda cabeza abajo. Es preciso ponerla sobre sus pies para descubrir el grano racional encubierto bajo la corteza mística.

En su forma mistificada, la dialéctica se puso de moda en Alemania porque parecía glorificar lo existente. Su aspecto racional es un escándalo y una abominación para la burguesía y sus portavoces doctrinarios, porque en la concepción positiva de lo existente incluye la concepción de su negación, de su aniquilamiento necesario; porque, concibiendo cada forma llegada a ser en el fluir del movimiento, enfoca también su aspecto transitorio; no se deja imponer por nada; es esencialmente crítica y revolucionaria.”.

El marxismo es un método no un dogma, queda claro….¿Qué sector social a tu juicio se identifica con el marxismo pero en realidad, lo destroza usándolo como dogma?

Son fundamentalmente cuatro los sectores  que dicen ser demócratas radicales, que citan y emplean conceptos marxistas y hasta que se dicen oficialmente marxistas, aunque en la realidad lo tergiversan y desvirtúan, sobre todo lo destrozan. 

Uno es la industria cultural progre, que edita libros marxistas no como armas revolucionarias sino como mercancías ideológicas que deben competir en el mercado de la cultura burguesa con otras modas intelectuales. Así se refuerza el fetichismo de la mercancía al reducir el marxismo a un consumo de usar y tirar libros que ese momento están de moda. En este caso Marx es reducido a algo peor que un dogma, es directamente destruido al ser devaluado en mercancía. 

La frase “Marx vende” vuelve al mercado siempre que hay grandes crisis, conflictos sociales, internacionales, etc., libros aireados por el márquetin de la cultura del amo, colocados junto a autores reaccionarios, negacionistas o simplemente superfluos. El derecho burgués de expresión queda así reforzado porque la “libertad de comprar” oculta la dictadura del capital ejercida mediante su industria político-cultural que publica lo que le conviene. Sin embargo, colectivos militantes mantienen con sudor imprentas rojas que ofrecen sus ediciones en papel o digitales en redes críticas y en mercados no sujetos al  beneficio mercantil, sino a la concienciación revolucionaria.

Otro sector es el del reformismo llamado “duro” por la prensa burguesa para así ampliar la oferta político-electoral de “izquierda” en el mercado del voto y combatir con más eficacia al movimiento revolucionario dentro del pueblo trabajador. Para explicar un poco la diferencia formal entre ambos reformismos basta saber que la primera niega la explotación social, la dominación política, la opresión cultural y nacional, el patriarcado reducido a una “perspectiva de género”, el imperialismo, etc. Aquí no podemos analizarlos uno a uno, sí vamos a resumir lo esencial de la tergiversación y negación práctica del marxismo que les recorre a todos ellos con mayor o menor intensidad:

1) el marxismo sigue siendo válido sólo como uno más de tantos pensamientos progresistas, no como la praxis de la revolución comunista que ha perdido sentido histórico. 2) el comunismo es una utopía irrealizable, sólo la “democracia avanzada” puede resolver los agudos problemas que nos asfixian. 3) la violencia defensiva, justa y revolucionaria no sirve para nada sino que además refuerza al poder, sólo es efectiva la paciencia estratégica del pacifismo y del parlamentarismo: “voto a voto”. 4) la explotación asalariada, la opresión política,  la dominación cultural,  el patriarcado, los derechos polixesuales, el racismo, etc. sólo son superables con el logro de inmensas mayorías legales y  parlamentarias que “voto a voto” anulen las leyes “viejas” y desarrollen las “nuevas”.

5) la opresión nacional no se resuelve con la independencia obrera y antiimperialista, sino con pactos internacionales que regulen sus tiempos y sus fines. 6) la debacle socioecológica no se resuelve con la propiedad socialista de la naturaleza y de las fuerzas productivas, sino con acuerdos negociados con las grandes empresas y con sus Estados, acuerdos vigilados por las instituciones internacionales 7) el materialismo histórico es falso porque la historia es el resultado de la concordia y el consenso, no de la lucha de clases. 8) La dialéctica es falsa porque la contradicción es irresoluble desde la filosofía atea inherente a su materialismo: sólo la fe y la espiritualidad explican el “misterio y la contradicción de la vida”.

Un tercer sector más reducido: el de los pequeños grupos de izquierda militante autoproclamados como única vanguardia dirigente del proletariado. Cada uno de ellos cree ser el auténtico y exclusivo intérprete del marxismo, tal cual sólo ellos creen saber interpretarlo los demás son revisionistas, sectarios, tacticistas, oportunistas, etc. Bien es verdad que últimamente, y por las presiones de la crisis y las  lecciones del pasado, bastantes de estos grupos se reconoce la necesidad de la autocrítica y de la lucha contra el dogmatismo. Pero aun así sigue muy fuerte el apego al dogma, a la interpretación literal de un texto si tener en cuenta el contexto, si tener en cuenta los cambios.

Un cuarto y último sector al que no se presta atención suficiente es la explosiva mezcla de dogmatismo, sectarismo, burocratismo, reformismo, etc., oculto tras una palabrería hueca «nuevas luchas» que sustituyen a la desaparecida clase obrera y su finiquitada lucha de clases. Un enjambre de grupitos, ONGs, colectivos sociales, etc., que tanto abunda bajo la permisividad legal y las ayudas económicas oscuras en muchos de ellos. Algunos incluso se llaman ‘marxistas’. En estos grupitos, la dirección vertical y personalista es la norma, incluso no falta sumisión al líder.

Tras este repaso, podemos decir que el dogmatismo consiste en anular uno de los componentes de la unidad de contrarios, de modo que al dejar sólo el otro rompemos de  su unidad y lucha, anulamos el desarrollo del conocimiento y por ello desvirtuamos la verdad, pudriéndola como dogma. La verdad sólo puede surgir  del choque de contrarios, que previamente va enriqueciéndose en sus diferencias y oposiciones. La verdad no existe nunca en un sólo componente de la contradicción porque a lo sumo sería parcial y limitada.

La verdad es la dialéctica entre lo concreto, lo objetivo, lo absoluta y lo relatilo. Los dogmáticos desconocen la dialéctica de lo universal, lo particular y lo singular, de modo que aplican a lo singular y a lo particular una visión abstracta y estática, muerta, de lo universal, sin darse cuenta que  la crítica también –sobre todo– ha de volcarse en lo universal porque es en ese concepto clave donde radica una de las mayores dificultades del acceso al conocimiento y su enriquecimiento  particular y  singular.

A lo largo de la historia del siglo XX hubo diferentes experiencias socialistas que desgraciadamente la mayoría fueron al traste… ¿Consideras que hubo malas aplicaciones del marxismo o que sencillamente no hubo socialismo en alguna de ellas?

Más que decir que la mayoría de las experiencias socialistas se han ido al trate, pienso que es más realista decir que han sido derrotadas. La diferencia consiste en que «irse al traste» no precisa las razones del fracaso, constata un hecho pero no explica el por qué y por tanto no puede proponer soluciones. Por el contrario, decir que han sido derrotadas es ir directamente al resultado de la lucha de clases en esas experiencias, más concretamente es el nudo gordiano: la política que se ha llevado y que ha resultado derrotada.

Precisar esta diferencia entre irse al traste o ser derrotado es importante de cara a la segunda parte de la pregunta. Si estudiamos las diferentes derrotas vemos que por debajo de sus formas particulares y singulares, hay una serie de razones comunes, básicas a todas ellas, universales podemos llamarlas, que nos remiten de una u otra forma a las cuatro grandes y decisivas incompatibilidades entre el capitalismo y el socialismo que se fijaron esencialmente a finales del siglo XIX. Digo esencialmente porque cada una de ellas y las cuatro como totalidad expresan el antagonismo absoluto, nuevo en la historia humana, entre dos modos de producción, el capitalista que entonces aparecía omnipotente en su expansión por el planeta, y el socialista que ni siquiera existía en germen en ningún lado.

Es cierto que la Comuna de París de 1871 y otras experiencias menores habían experimentado esbozos empíricos de cómo se podía avanzar parcialmente al socialismo en áreas sociales muy pequeñas. Pero fue precisamente en esta cuestión donde se confirmó el potencial creativo y heurístico de la dialéctica del materialismo histórico: Marx y Engels, ayudados por colectivos militantes, fueron destilando la práctica en el alambique de la teoría enfrentándose a dos bloques ideológicos: el reformista proveniente del socialismo utópico, y el burgués que se estaba desarrollando desde el siglo XVII. De este modo, para finales del siglo XIX se habían formado ya las raíces marxistas profundas del choque irresoluble entre el marxismo y el bloque burgués-reformista que tenía una identidad de clase común como se vería en la historia de la lucha de clases.

Esas raíces marxistas se irían extendiendo y aumentando según lo exigía la lucha de clases mundial, pero su identidad ya estaba asentada a finales del siglo XIX y consistía en cuatro puntos: la teoría de la explotación asalariada, de la plusvalía, del valor y del trabajo abstracto; la teoría del Estado como cuartel general de la clase burguesa, es decir como la forma político-militar del capital; la concepción materialista de la historia como producto de la lucha de clases y de liberación de los pueblos; y el método dialéctico que insiste que el movimiento de lo real es debido a la unidad y lucha de contrarios. Las cuatro forman una totalidad de modo que si falta una de ellas no sólo las otras tres entran en crisis sino que es esa totalidad, o sea, el avance al socialismo, la que es derrotada más pronto que tarde.

No cometamos el error objetivista y mecanicista de creer que basta aplicar estos cuatro componentes de la totalidad para asegurar la victoria del socialismo. No. En cada uno de ellos y de forma decisiva en su unidad, la conciencia revolucionaria, la subjetividad crítica y autocrítica, y el deseo y la ética juegan un papel clave para la victoria. Y dentro de esa dialéctica destaca como fundamental la conciencia de la necesidad vital de la toma y mantenimiento del poder obrero y de la política como la quintaesencia de la economía. Es decir, la participación rectora del pueblo trabajador organizado en soviets, consejos, comunas, cooperativas, sindicatos sociopolíticos, etc., unidos en la autodefensa mediante la doctrina del pueblo en armas.

Simultáneamente a estos pasos, y con la lucidez autocrítica de que la derrota puede llegar debido al abandono o desprecio de estas lecciones históricas, el pueblo trabajador debe imponer pasos fundamentales como la expropiación de capitales, la socialización de las fuerzas productivas y la planificación de la economía, la liquidación de las fuerzas represivas y del sistema judicial burgués, la liquidación de la propiedad burguesa de la industria político-mediática, el reconocimiento de la independencia de las naciones oprimidas, etc. ¿Cómo desarrollar todo esto? Muy sencillo: la dialéctica entre democracia y dictadura lo explica perfectamente. La democracia burguesa es la forma externa de la dictadura del capital mientras que la dictadura del proletariado es la forma externa de la democracia socialista.

Pero, por último, tampoco debemos olvidar tres realidades inocultables e interactivas: Una, que se trata de lucha de clases, por tanto que la burguesía autóctona y el imperialismo actúan en conjunto táctica y estratégicamente para destruir hasta las raíces ese intento revolucionario que modo que no vuelva a resurgir. Dos, que la inmensa mayoría de los intentos revolucionarios se han dado y se dan en países empobrecidos, saqueados y con pocos recursos, como ya lo había previsto el marxismo desde el último tercio del siglo XIX en adelante. A esto debemos sumar los enormes costos en defensa que deben asumir estos pueblos para no ser explotados de nuevo, en detrimento de mejoras urgentes en otras áreas: en 1930 la URSS tenía un atraso de entre 50 y 100 años con respecto a Occidente, sabía que tarde o temprano sería invadida por el capitalismo y decidió acortar esa enorme distancia en una década, en diez años, para rearmarse lo antes posible.

Y tres, las cadenas mentales, subjetivas, reaccionarias que vienen del pasado pero que sobreviven en el presente durante mucho tiempo, manipuladas por el imperialismo para crear movimientos contrarrevolucionarios. Pero lo fundamental es que estas cadenas mentales son diariamente reforzadas por la acción disolvente de la ley del valor, del marcado como regulador y dictador de la vida colectiva. Volveremos más adelante a este tercer punto al hablar del fetichismo de la mercancía, del cáncer del mercado y de la incompatibilidad entre socialismo y ley del valor. 

Todo lo visto explica las tremendas dificultades que han de superar los pueblos trabajadores, lo que facilita el cansancio, los errores, las traiciones y la burocratización… y con ellos las derrotas. Insisto, no podemos ver cada una de las partes que hemos visto totalmente separadas, aisladas entre sí: son una totalidad que debemos analizar en sus partes y a la vez sintetizar en su unidad en permanente movimiento.

He dejado varios puntos sin desarrollar porque la pregunta que ahora viene me permite hacerlo con más detenimiento. Dos de ellos entrelazados son, por un lado,  la superación de la cosmovisión burguesa centrada en el fetichismo de la mercancía, en la dictadura del mercado y en la mentira de que la libertad depende de la propiedad privada orientada a la acumulación y al consumismo; y por otro lado e inseparable del anterior, la acción diaria del poder popular y del Estado obrero con su planificación socialista para erradicar lo más rápido posible el mercado en su contexto dado y después, superarlo históricamente a escala mundial de forma irreversible.

Belarus, la cual conozco, la RP de China, Vietnam aplican recetas de mercado, pero con la intención de salvar el socialismo…. ¿Dónde piensas que esta el límite de esta manera de proceder y que no aparezca una nueva clase dirigente a la cual le interese volver al capitalismo?

Una lección histórica incuestionable es que del mismo modo en que ninguna clase dominante cede pacífica y alegremente su poder, sus propiedades, su Estado y su ejército a la clase que ha estado explotando y dominando hasta entonces, de este mismo modo pero a la inversa, toda clase dominante derrotada, expropiada por el proletariado, organiza la contrarrevolución desde el primer día para recuperar el poder y destruir definitivamente al proletariado. 

Otra lección histórica incuestionable es que el imperialismo, un Estado que oprime y explota a otros pueblos, nunca les concede por las buenas la independencia socialista, que no la independencia formal, aparente, de la que luego hablaremos. Solamente la dura y a veces desesperada lucha de liberación nacional de clase estos pueblos conquistan con sangre su independencia socialista en una guerra de liberación que es guerra de clases, guerra social, en el interior del pueblo. Pero esta independencia socialista nunca está segura, siempre debe estar vigilante ante una contrarrevolución interna apoyada o hasta provocada por el Estado antes ocupante, por el imperialismo. Si la nación vuelve a perder su independencia socialista, su futuro será el del salvajismo aplicado por el Estado que ha vuelto a ser ocupado.

Una tercera lección de la historia es que la clase burguesa en su conjunto abandona sus diferencias estatales, nacionales, culturales, lingüísticas, etc., y se une alrededor de su propiedad privada cuando está en peligro de ser socializada por la humanidad trabajadora. Las distintas burguesías lanzan a sus clases obreras alienadas a matarse entre ellas para salvar o aumentar las ganancias de sus burguesías, pero en el momento en el que la clase obrera pretende socializar las fuerzas productivas, la burguesía se une para ahogar la libertad en sangre. Las burguesías de las naciones oprimidas traicionan a sus pueblos para negociar con el ocupante desviando la lucha por la independencia al agujero negro del parlamento, la ley y las promesas del invasor, colaborando con él en  la represión de quienes no se arrodillan.

Por tanto, todo proceso revolucionario ha de prepararse antes de conquistar el poder para aplastar la segura reacción burguesa, y más aún si es una lucha de liberación nacional de clase en la que la burguesía odia más a su proletariado que al ocupante. Prepararse con anterioridad significa concienciar a la militancia para ese nuevo combate, también avisar al pueblo obrero de que la lucha continuará después de la primera victoria, y sobre todo estudiar a fondo cómo las burguesías derrotadas han organizado las contrarrevoluciones, cómo han ido recuperando el apoyo de sectores alienados manipulando los componentes irracionales, los miedos, el racismo, el patriarcado, etc., para minar desde dentro el nuevo poder obrero.

Llegados ya a este punto, hemos de saber que la movilización obrera y popular en defensa de lo conquistado es imprescindible para abortar todo intento contrarrevolucionario. Pero la movilización ha de tener una conciencia de lo que es el capitalismo. El punto crítico de todas las experiencias de avance al socialismo, especialmente en los pueblos empobrecidos, es el de la dirección socioeconómica y política consciente hacia la superación del capitalismo y el rápido desarrollo del socialismo a partir de conquistas iniciales decisivas: desmantelamiento del Estado burgués y de su ejército, creación del pueblo en armas y del Estado-Comuna, socialización de las fuerzas productivas y del Banco Central, etc. La creación de estos y otros poderes populares imprescindibles debe estar asegurada por la movilización obrera y popular permanente para abortar todo intento contrarrevolucionario, y por la permanente lucha contra la deshumanización inherente al mercado.

El llamado «socialismo de mercado» es un contrasentido, un oxímoron, que sólo puede ser entendido y resuelto desde la dialéctica de la lucha de clases, es decir, destruyendo al mercado y avanzando además de al socialismo sobre todo al comunismo. Este punto es clave, la ley del valor es un poder destructivo invisible pero material y objetico. La mercancía que en ella se sustenta cosifica y desnaturaliza a la persona, reduciéndola a dinero, al equivalente general que lo iguala todo al precio de una simple tuerca. Una persona transformada en tuerca, en objeto pasivo a la espera que el mercado como poder absoluto le imponga un precio, o peor, en fanático fascista cuyo precio depende de los crímenes que ejecuta, es inconciliable con el comunismo.

En la medida en que el mercado capitalista subsista dentro de la planificación socialista, en esta medida la recuperación burguesa es inevitable dado que tiene a su favor el enorme poder de dominación invisible e inconsciente de la ley del valor, de la mercancía y del dinero como equivalente universal. Este poder invisible e inconsciente  ya venía anclado por generaciones en la personalidad colectiva alienada en las clases explotadas por años de educación y vida «normal» bajo la dictadura del capital. Este poder debe ser visibilizado y combatido en la práctica y a diario mediante la nueva vida socialista, crítica y consciente. Si no se logra esto o si no recibe la prioridad que exige, inevitablemente la burguesía derrotada empezará a recuperarse.

En un discurso disponible en Youtube Fidel recuerda que el socialismo no entra en Cuba avalado por los tanques soviéticos y eso lo hace más fuerte. Pero hubo otras experiencias como Yugoslavia o Albania en que tampoco se dio ese hecho y terminaron fracasando las revoluciones….Sin entrar a valorar minuciosamente cada una de ellas ¿Podemos hablar de una carencia de dialéctica y de entender la realidad por los propios revolucionarios locales lo que hizo fracasar alguna de estas revoluciones?

Exacto, Fidel Castro nos lleva a un punto decisivo sobre el que no podemos extendernos ahora. En efecto, mucho de la excusa de que el «socialismo ha fracasado» se basa en el hundimiento de los países del Este europeo liberados por el nazismo por el Ejército Rojo al final de la IIGM. Los partidos marxistas eran muy débiles en estos países porque los  nazis los habían perseguido a muerte, ayudados por los colaboracionistas internos. La ocupación nazi los saqueó y desertizó económicamente, y desde 1945 su recuperación económica tuvo que empezar prácticamente de la nada en un contexto de guerra fría, sabotajes y provocaciones imperialistas. La ayuda soviética era muy limitada a pesar de que las reparaciones de guerra eran pequeñas.

Pero una de las grandes fallas del socialismo en la URSS y en el Este europeo fue que no pudo dominar primero y luego destruir al monstruo capitalista que dormita en la mercancía, en una economía anárquica sujeta a la ley del valor y a la necesidad ciega del máximo beneficio del propietario privado del taller, de la finca, de la fábrica pequeña, etc., permitidas en el llamado «socialismo de mercado». La NEP de 1921 lo intentó y lo logró durante unos años pero desde 1925 resurgieron los problemas lo que hizo que en 1929 se volviera a planificar la economía superando la resistencia salvaje de una resurgida burguesía con una áspera lucha de clases. Sin embargo desde comienzos de los ’70 comenzó a desacelerarse la economía por varias razones, entre ellas la incompatibilidad entre el mercado que renacía y la planificación socialista. Los debates al respecto, que habían vuelto poco antes de la muerte de Stalin en 1953, fueron extendiéndose en todos los países socialistas, incluida Cuba en 1962-1965.

En realidad la economía soviética funcionaba muy bien a pesar de las mentiras occidentales, empezando a tener algunos problemas conforma la facción representada por Brezhnev desde 1964, controlaba cada vez menos  el lento auge de una burocracia que se beneficiaba cada vez más de la llamada «segunda economía» que había renacido después de la IIGM. La economía privada legal en la URSS, reconocida por las leyes, fue transformándose en ilegal porque ésta daba más beneficios a sus propietarios. Algo parecido a lo que había sucedido en la segunda fase de la NEP, desde 1925 en adelante. Fue un pudrimiento lento pero imparable porque no hubo una intervención tajante del PCUS para cortarla de raíz como en 1929. Solo fue alrededor de 1980 cuando surgió la preocupación institucional por esa «segunda economía» al agravarse los problemas descubiertos en 1973. 

La denominada «doble economía» impulsaba la formación de una nueva burguesía que se unía a la burocratización. En su tiempo, Lenin y otros bolcheviques combatieron duramente contra la confluencia entre nuevos burócratas, funcionarios ex zaristas, burgueses y campesinos ricos. Medio siglo más tarde, volvía a surgir. A todo esto hay que unirle la presión brutal siempre en ascenso de la amenaza militar imperialista y su guerra económica, científica, etc.  Fue entonces cuando un amplio sector del PCUS, sobre todo dirigentes, apoyó a la Perestroika. Tras unas medidas que no reforzaban la planificación ni anulaban el mercado privado, el ataque serio empezó en 1987 con un desmantelamiento muy rápido de los pilares del socialismo soviético. Por ejemplo, en1988 se daba libertad total a las cooperativas, incluida la del comercio exterior, ley que junto con otras, facilitó que la nueva burguesía se organizara pública y oficialmente como clase social dispuesta a tomar el poder fusionándose los nuevos Nepmen con la burocracia. El mercado capitalista se había impuesto sobre la cada vez más debilitada planificación socialista. La implosión de la URSS sucedería muy poco después, en noviembre de 1991 cuando el PCUS fue ilegalizado.

Yugoslavia luchó ferozmente contra el nazismo, obligándole a distraer tropas de otros frentes para seguir saqueándola. En la década de 1950 la supremacía del plan sobre el mercado era oficial, pero se reconocía el poder interventor de los «consejos de fábrica» que poco a poco más autogestión en sus empresas y cooperativas. A partir de 1965 se intensificó la autonomía del mercado, de las empresas y cooperativas, que competían entre sí para un mayor enriquecimiento de cada empresa, pero en 1971 se tuvo que volver a la «autogestión planificada» para cortar de cuajo las injusticias sociales que se habían multiplicado solo en cinco años. Pero en 1975 se aceptó que la autonomía de las regiones también era autonomía de mercado, de modo que cada región y empresa podían hacer lo que estimasen conveniente para ellas. Se debilitaba así la unidad supranacional a la vez que se recomponía el poder del mercado.

La crisis de 1980, que no era sino el efecto retrasado de la crisis capitalista de la primera mitad de los ’70, agudizó estos problemas a la vez que sacaba a la luz enorme y creciente deuda de Yugoslavia con los bancos imperialistas que llegaría a ser insostenible en pocos años. El imperialismo sabía cómo y por qué brechas atacar para destrozar Yugoslavia, aun así necesito de varias guerras atroces en la década de 1990 para destruirla.  

Albania, uno de los países más pobre de Europa en 1940, si no el que más, siguió el camino opuesto al yugoslavo y al de las sucesivas reformas económicas soviéticas que se iban abriendo poco a poco al mercado. Su autarquía económica y extremo modelo de «socialismo en un solo país» no respondió sólo a una decisión interna sino también al férreo bloqueo imperialista y a las diferencias teóricas sucesivamente con Yugoslavia, la URSS y China Popular. La planificación impulsó grandes avances socioeconómicos con mejoras sustanciales de las condiciones de vida del pueblo pero de nuevo, para mediados de la década de 1980, surgieron dificultades no sólo económicas sino también de capacidad de dirección de los comunistas en una sociedad que había cambiado mucho de 1945 a 1985. La implosión de la URSS y del Este europeo reventó Albania y en 1991 las elecciones las ganó un partido conservador con el apoyo masivo imperialista.

¿Y Cuba? La independencia socialista cubana fue efecto de una guerra de liberación antiimperialista que rompió todo el molde del llamado «marxismo occidental» que se opuso en un principio a la lucha independentista total del pueblo cubano. El socialismo cubano fue y es un logro, una conquista interna, no externa, y esto es fundamental para saber por qué Cuba resiste tanto al imperialismo pese a su política de asfixia económica total. El pueblo cubano aprendió él mismo de su historia, no de la historia creada desde Europa y EEUU. Al conocer su propia historia por él mismo, el pueblo trabajador desarrolla las medidas socioeconómicas, políticas e internacionalistas, culturales, ético-morales, que sabe que necesita. Entre ellas, las sucesivas reformas en la planificación económica limitando el mercado para defenderse de los crecientes ataque de EEUU. El pueblo cubano sabe por experiencia propia que la entrada del capitalismo en su Isla supondrá la muerte de la nación trabajadora cubana, por eso resiste a la desesperada el triunfo del mercado y la derrota de la planificación.

Aplicando el método dialéctico tal cual lo defines ¿Cómo interpretas lo sucedido en Venezuela a partir del 3 de enero de 2026?

Veamos muy rápidamente el caso de Venezuela. Siendo muy breves, la «revolución bolivariana» fue una revolución político-radical, no socialista en el sentido pleno del término, aunque con victorias innegables como la nacionalización del petróleo, la nueva doctrina militar no controlada por EEUU, la creación de milicias bolivarianas, mucha planificación estatal, grandes conquistas sociales e impulso de las comunas, reactivación de la unidad de Nuestramérica y del antiimperialismo, integración de los pueblos originarios, etc., pero respetando los pilares del capitalismo. Esta contradicción entre un bolivarianismo radical pero no socialista y menos aún comunista, y un respeto suicida al capital, está en la base de la victoria de Washington desde el 3 de enero de 2026.

La entrada de divisas petroleras facilitaba esas políticas pero a la vez permitía la aparición subterránea de una «boliburguesía» formada por sectores burgueses y pequeño burgueses inicialmente progresistas que se habían sumado al movimiento bolivariano. El fallido golpe fascista de 2002 y la victoria sobre la dura huelga petrolera organizada por el imperialismo y la gran burguesía venezolana radicalizaron al pueblo, lo que convenció a esa sumergida boliburguesía de la conveniencia de arrimarse a la fuerza del pueblo, sobre todo al ver que Chávez quería proclamar en 2005 el contenido socialista. Pero la crisis de 2008 y su especial impacto destructor en Venezuela a partir de la crisis bancaria de 2009 y de la caída de divisas desde 2010 empezaron sacar a la luz intereses iniciales de esa boliburguesía.

Poco antes de ser asesinado en marzo de 1013 Chávez endureció la ofensiva de «Comuna o nada» dentro de la estrategia de «golpe de timón» para enderezar la orientación y el ritmo del proceso bolivariano. Muy mal debía ver el panorama como para lanzar esa ofensiva contra las tendencias desgarradoras, sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida. Ahora, desgraciadamente, comprendemos el pleno sentido de sus últimas intervenciones y decisiones. ¿Premonición? El asesinato del Comandante también mostró la coordinación progresiva de la boliburguesía que comprendió desde ese momento que había acabado la fase de 2002-2013, iniciándose otra nueva y decisiva para la toma del poder político. Aunque por poco, Maduro ganó las elecciones de 2013 derrotando el triunfalismo de la reacción que creía que el bolivarianismo se hundiría con la muerte de Chávez. En respuesta y para levantar el ánimo de la derecha, en 2015 la Administración Obama declaró a Venezuela como «peligro nacional» para EEUU.

Sin meternos aquí en lo que debiera haberse hecho entonces, por ejemplo en las tesis que propugnaban una movilización masiva del bolivarianismo socialista, comunalista, tanto como reafirmación frente a la amenaza imperialista como reafirmación frente a la cada vez más perceptible fuerza de la boliburguesía algunos de cuyo sectores ya entablaba relaciones con burguesías antichavistas. En 2014 se organizan provocaciones y guarimbas contrarrevolucionarias que se endurecerán en 2017, respondidas por el gobierno de Maduro maniobras que dividen a las derechas pero, a la vez, restringen paulatinamente la capacidad de autoorganización del pueblo. La inquietud de chavistas de siempre por las nuevas vías que se abren desde el gobierno explica que se produzcan dimisiones desde 2018 mientras circulan datos sobre el deterioro salarial del pueblo.

El boicoteo criminal de la OMS y del imperialismo para que no llegaran a tiempo las vacunas contra la Covid-19, vacunas ya pagadas, vuelve a radicalizar a los sectores populares que se habían descolgado, aunque en la realidad la política de Maduro se plegaba poco a poco a las exigencias imperialistas: en 2021 la ayuda venezolana a Cuba, por ejemplo, se había reducido a menos de un 20% de lo inicial, pese a la ayuda solidaria de la Isla a Venezuela. Este mismo año, se intensifican las negociaciones con EEUU llevadas a cabo por  Delcy y Jorge Rodríguez), Diosdado Cabello y Padrino López. Delcy, además, asiste desde entonces a las reuniones con la patronal que había organizado el golpe de Estado de 2002 y todas las maniobras reaccionarias posteriores.

En mayo de 2022 la prensa imperialista aplaudía con las orejas las leyes del gobierno de Maduro que supeditaban la economía del país a la dictadura del dólar: aumentaba así la brecha en el ideario bolivariano por la que entraban a borbotones nuevas formas del fetichismo de la mercancía que desintegraba al país por dentro, desorientaba al chavismo popular y envalentonaba al bloque burgués en su conjunto. A finales de 2022 se debatía sobre qué modelo económico era el bolivariano, cada vez más indefenso al poder de la boliburguesía y del mercado, lo que se veía en el aumento de la corrupción, por ejemplo: las detenciones de más de una decena de altos ejecutivos del ministerio de Petróleo en marzo de 2023, mientras se sabía que en junio de 2023 se había mantenido una reunión secreta en Qatar entre Caracas y Washington, y otra en septiembre de ese año. También en octubre se firman en Barbados dos acuerdos con la oposición «democrática».  

La dolarización, junto con otras medidas tendentes a fortalecer el mercado capitalista frente a la economía comunal, empieza a dar sus frutos y desde verano de 2023 en adelante la economía burguesa empieza a recuperarse reforzando al gobierno en las decisivas elecciones de julio de 2024 en las que chocan dos proyectos: el de la oposición con un programa brutalmente neoliberal y el del gobierno, con propuestas mixtas que además de defender las innegables conquistas sociales básicas que aún se mantienen, promete recuperar las ya perdidas y otras más por el empuje de la recuperación económica cada vez más visible en la calle. En los mentideros políticos se comentan las presiones previas de burguesías latinoamericanas para que Maduro no fuera el presidenciable de la lista chavista, sino otra persona más adaptable y aceptable por EEUU. En agosto de 2024 la Unión Europea advierte que el pueblo venezolano pagará las consecuencias si no se produce una rápida «transición democrática» que dé el poder a la oposición reaccionaria que había perdido las elecciones un mes antes.

Mientras tanto siguen aumentando los datos sobre la recuperación económica burguesa que llega a principios de 2025 a un crecimiento de algo más 7% del PIB según estimaciones oficiales, mejora  confirmada por la CEPAL a mediados de diciembre de 2025 al afirmar que es el país con más crecimiento de Nuestramérica, datos que también inquietan a los yanquis, pese a que en ese año se realizan reuniones Caracas-Washington. Simultáneamente a esta mejora, en junio de 2025 se conoce el acuerdo de asociación estratégica con Rusia que supone un serio golpe a los planes de EEUU no sólo en la región sino a escala mundial porque es esos momentos informes internos del Pentágono y de la Casa Blanca reconocen que sólo les queda petróleo para seis años. Más significativo aún, en noviembre de ese mismo 2025 y coincidiendo con estas noticias, el Pentágono traslada navíos de guerra y 4000 marines a pocas millas de las costas venezolanas.

Es precisamente entonces cuando ese 18 de diciembre de 2025 prensa imperialista da a conocer los tres planes de la Administración Trump elaborados durante su anterior legislatura para tomar el poder en Venezuela: una sublevación reaccionaria, un golpe palaciego o una rápida ocupación yanqui del Palacio Presidencial. Tampoco se descartan otras posibilidades, algunas de las cuales tratan sobre una «solución negociada» con un exilio dorado de Maduro; también se plantea la necesidad de una «purga limitada».

El 3 de enero de 2026 EEUU invade Venezuela apoyado por traidores vende patrias, bombardea Caracas y zonas adyacentes, asesina a más de un centenar de soldados y persona civiles, 32 de ellos pertenecientes a la guardia cubana que defendía al Presidente Maduro y a Celya, su compañera. Tras una defensa numantina Maduro y Celya son secuestrados y llevados a EEUU. Exceptuando las dos primeras horas y en lugares muy localizados, no hubo ninguna resistencia. Los yanquis entraron como quisieron y hasta donde quisieron, hicieron lo que quisieron, se llevaron lo que quisieron y se han quedado donde tenían previsto quedarse.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué no hubo resistencia inmediata ni la hay posterior cuando desde 1999 la República Bolivariana había asegurado casi a diario que toda invasión sería repelida con una resistencia popular desesperada durase o lo que durase? ¿Dónde ha quedado aquella  bella frase dicha en público por Hugo Chávez en 2008: «¡¡¡Iros al carajo, yanquis de mierda!!!»? No podemos extendernos en las respuestas así que expondremos algunas tesis y terminaremos con una cita de un revolucionario al que admiramos.

Primera Tesis: El pueblo venezolano mantuvo una dura lucha guerrillera en los años de 1960 que dejó un poso de lecciones  muy válidas para el futuro. En 1989 el pueblo trabajador estalló en el heroico Caracazo contra la insufrible explotación que sufría, dejando miles de asesinados: fue la primera sublevación de masas contra el neoliberalismo. En 2002 el pueblo obrero, sobre todo las mujeres como fuerza impulsora, salió a las calles de Venezuela para aplastar el golpe de Estado fascista y luego venció en la «guerra petrolera». Luego, una y otra vez, el pueblo trabajador ha salido en defensa de la revolución política siempre que ha sido atacada demostrando su decisión durante las guarimbas fascistas. Sin embargo, desde el 3 de enero de 2026 permanece pasivo aceptando la expoliación imperialista y posteriormente, desde julio, la presencia de los genocidas sionazis en Venezuela con la excusa de la ayuda contra el terremoto.

Segunda Tesis: El «golpe de timón» de 2012 llegó tarde, no pudo enderezar el rumbo aunque sí pudo, por lo que hemos visto, retrasar la reorganización de la burguesía. La separación de facto entre política y economía, es decir, el respeto de la propiedad burguesa aunque tuviera que coexistir en algunas áreas con las comunas y con cierta planificación estatal, aseguraba al menos tres armas a la burguesía: Una, la facilidad de coordinación interburguesa dentro y fuera de Venezuela, libre en buena medida del control político oficial bolivariano. Dos, la pervivencia de la industria político-mediática burguesa con su poder alienador en la cotidianeidad. Y tres, por debajo de todo ello, la tendencia objetiva al fortalecimiento del fetichismo de la mercancía como demoledora arma reaccionaria contra la que sólo es válida la permanente intensificación de la lucha revolucionaria, pero en la  boliburbuesía surgieron propuestas de ir reduciendo la presencia de los símbolos de Bolívar y de Chávez, así como el abandono de las referencias al socialismo.

Tercera Tesis: En lo que respecta a Venezuela, la estrategia imperialista pasa por sorberle hasta el aliento y destruir hasta la raíz el ideal bolivariano. Dado que una invasión clásica exigiría muchos recursos y el apoyo de burguesías latinoamericanas durante una muy larga guerra de resultado agotador e incierto, que se extendería por Nuestramérica; y dada la debilidad creciente de EEUU, Washington ha decidido por ahora amenazar, sobornar y  corromper al sector dominante de la boliburguesía contando con la pasividad cobarde o interesada del resto de la boliburguesía, y el apoyo entusiasta del bloque burgués en su conjunto. Decimos que por ahora porque EEUU tiene otro plan más salvaje si este primero falla, como veremos luego.

Cuarta Tesis: Ahora son comprensibles las causas de la pasividad del pueblo ante la invasión yanqui: Por un lado, la putrefacción ideológica inherente a la dictadura del capital, que, si no es combatida radicalmente, lo desnacionaliza, lo esclaviza mentalmente y lo convierte en un objetivo pasivo y pacificado. Esta putrefacción surge de las entrañas del capital pero es acelerada por el reformismo, lo colaboracionistas y las burocracias. Por otro lado, la putrefacción disuelve la conciencia del grueso del partido y de sus organizaciones, genera obediencia y sumisión en las bases debilitando su espíritu crítico y su iniciativa siempre imprescindible. Por último, en la medida en la que se agudiza la crisis, las amenazas y los peligros, en esta medida se acrecienta el desconcierto de las bases y sectores militantes porque no reciben órdenes precisas de lo que tienen que hacer en el momento crítico.

Quinta Tesis: La estrategia imperialista se intensificó y aceleró con la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 porque la tecno-oligarquía, Walt Street y el Pentágono veían cómo el poder yanqui retrocedía en todas partes, cómo la política de Biden no detenía esa decadencia. La resistencia electoral de Maduro, la recuperación económica y las negociaciones internacionales iniciadas desde 2023, el acuerdo estratégico con Rusia, etc., eran un peligro creciente para EEUU porque podían permitir a la boliburguesía y a otros sectores burgueses jugar con varias bazas a la vez para distanciarse del chavismo, desarrollar el capitalismo y mantener cierta fachada de independencia nacional. Este bloque venezolano quería seguir distanciándose del chavismo, y la bonanza económica, las nuevas relaciones internacionales, la «protección» rusa y por extensión china, etc., le daban muchas seguridades en este sentido.

Sexta Tesis: Conforme avanzaba 2025 EEUU se encontraba ante un apuro creciente: debía saquear Venezuela cuanto antes pero la boliburguesía se reforzaba por la buena economía, las relaciones internacionales, los acuerdos con Rusia y por extensión con China, etc. El Pentágono sabía que tras una invasión y/o un golpe de Estado, la extrema derecha tal vez podría asegurar el saqueo yanqui mediante el terror pero que más temprano que tarde el pueblo entero se sublevaría generalizándose entonces una guerra incontrolable a medio y largo plazo. Hacía falta por tanto, al menos en un primer momento, otro anclaje interno, otro colaborador, y negoció con la boliburguesía que le garantizaba orden y sumisión. Una parte del pueblo bolivariano intenta resistir al invasor en los primeros momentos, pero recibe órdenes de no hacerlo. El pueblo recibe los golpes sin protestar.

Estamos totalmente de acuerdo con lo que escribió Juan Contreras el pasado 12 de abril de 2026: «La historia nos enseña que frente a la bota del invasor y la traición de la burguesía, la única respuesta posible es la organización popular y la profundización del socialismo.».

Muchos movimientos revolucionarios como el de Venezuela que acabas de explicar,  y experiencias socialistas han ido al traste porque el reformismo ha entrado hasta la cocina. Entre ellos desgraciadamente el MLNV en el cual ambos hemos militado ¿Hasta qué punto sirve esto como lección y enseña de la importancia de la vigilancia revolucionaria?

Las lecciones de la traición de una parte del pueblo venezolano son concluyentes, pero debemos hacer una investigación concreta de Euskal Herria. Sin hacer una historia del reformismo básico que nos enseña que desde las primeras opresiones siempre han existido corrientes que creían que se podía suavizar el dolor de la injusticia mediante reformas lentas y graduales que debilitaran tanto al poder opresor que, al final, la libertad llegaría como fruta madura que cae del árbol por ella misma. El opio religioso era clave en esta fe crédula, y sigue siéndolo en parte, aunque existan grupos muy minoritarios que crean que sus dioses les van a salvar si ellos pasan a la acción.

Pero el reformismo en la sociedad burguesa tiene una característica propia ya que su razón de existencia es el fetichismo parlamentario, el fetichismo de la democracia y del derecho abstracto. El reformismo ya existía en el socialismo utópico desde la década de 1830 que proponía convencer a  banqueros y a Estados para que subvencionaran económicamente cooperativas, comunas, falansterios, mutuas, etc., para abrir así una «tercera vía» entre el capitalismo y el socialismo. La llamada «cuestión social» surgió en el último tercio del siglo XIX en las reflexiones burguesas sobre cómo integrar –«aburguesar»– al proletariado con reformas a la vez que se reprimía al socialismo. Luego, a finales del siglo XIX, como hemos visto al comienzo, se terminó de completar teóricamente el choque antagónico el fetichismo reformista y el comunismo.

Pero aunque la esencia del reformismo se mantiene, la burguesía, sus intelectuales, sus fábricas de modas ideológicas, sus partidos y sindicatos, sus servicios secretos, etc., van creando nuevas formas y van readecuando las clásicas. Recordemos los cuatro puntos irreconciliables entre reformismo y revolución que ya surgieron a finales del siglo XIX. En los Estados español y francés la penetración reformista llevó ritmos diferentes por sus contextos de lucha de clases, pero para finales de la década de 1960 esos ritmos fueron coordinándose por la crisis del capitalismo de esos años: se demostró que la práctica de los PCs francés y español era reformista y eso quedó confirmando con el eurocomunismo.

En Euskal Herria la situación era diferente porque la opresión nacional de clase lo determina todo. El llamado PC de Euskadi era un sostén unionista español del democraticismo burgués frente a la dictadura franquista desde finales de los ’50, no un impulsor de la revolución socialista y menos aún independentista. Salvando los muchos matices, las dos primeras grandes escisiones de ETA, maoístas y trotskistas, mantienen el ideal revolucionario pero rompen con el contexto sociohistórico objetivo que determina que la lucha de clases en Euskal Herria adquiera la forma de lucha de liberación nacional de clase. La tercera y cuarta grandes escisiones,  LAIA y Comandos Autónomos, plantean la lucha contra la opresión nacional de clase desde perspectivas diferentes.

El germen del reformismo actual surge en la fundación de Euskadiko Ezkerra en 1977 y a partir de ahí va concretándose al absorber progresivamente formas de otros reformismos «vasquistas» de la socialdemocracia y del eurocomunismo. Naturalmente, este proceso va acompañado de rupturas internas e incluso de vuelta a una ETA unificada de sectores que la habían abandonado anteriormente. EE derivó en pocos años hacia una paulatina integración en el reformismo estatalista disolviéndose en 1993 dentro del PSOE. La implosión de la URSS y la sensación de derrota definitiva del socialismo reforzaban la aparición de modas posmodernistas, posmarxistas, pos-imperialistas, etc., fertilizando el campo con abonos idealistas como la «revolución radical» laclausiana, la versión podemita del «significante vacío», y así un impresionante espectáculo de «novedades» que ocultaban la brutal ferocidad de un capitalismo podrido por la crisis de 2007 y que multiplicaba las guerras imperialistas como única alternativa.

Fue en este período de irrupción de las novedades más salvajes del capitalismo para salir de la crisis genético-estructural de 2007, cuando se inició su tercera Gran Depresión, cuando por varios caminos empezaron a confluir en la izquierda abertzale del momento algunas de las corrientes arriba vistas facilitando la visualización de tendencias reformistas que siempre habían estado dentro pero que desde entonces sí podían aparecer públicamente. Ahora bien, hemos de ser conscientes y no olvidarlo nunca, que este proceso fue facilitado por la sistemática represión contrainsurgente de los Estados español y francés contra Euskal Herrria, así como por los cambios estructurales en la dialéctica de la lucha de clases introducidos por el capitalismo no sólo desde mediados de los ’70 e impuestos contra Hego Euskal Herria por el Estado español con el incondicional apoyo de la burguesía autóctona, sino también acelerados en las sucesivas crisis parciales hasta dar el salto cualitativo en 2007.

A lo largo de este período, fue desapareciendo la sistemática y siempre actualizada formación teórica marxista entre las diversas organizaciones de la izquierda abertzale. Por varias razones, fue desapareciendo la concienciación teórica sobre que era y cómo se plasmaba entonces la dialéctica de la lucha nacional de clase del pueblo trabajador. Lo grave de todo ello era que ese debilitamiento se producía mientras el capitalismo se lanzaba a una contraofensiva imperialista desde 2001 en medio de crisis económicas sucesivas que venían agudizándose en partes del mundo desde los ’90, y que, como hemos dicho, dieron el salto a la hecatombe de 2007-2008 que se ha seguido agravando hasta ahora mismo.

La lección que debemos extraer no solo de la experiencia vasca y venezolana, sino de la mundial, es que la formación teórica marxista siempre actualizada sobre los más recientes cambios del capitalismo, es una necesidad permanente, en especial la enseñanza del método dialéctico y de su aplicación en la práctica pues sólo en ella puede aprenderse.

Mao nos dijo que la cuestión nacional en los pueblos oprimidos se manifiesta en lucha de clases. ¿Hasta qué punto esa frase es actual y más teniendo en cuenta que muchos pueblos son opresores y oprimidos al mismo tiempo? ¿Es la resistencia de Irán  un ejemplo de la importancia de las lucha de resistencia nacional, como también puede serlo la de Rusia?

Mao llegó a esa conclusión cierta en base a su propia experiencia autocrítica, pero también a las lecciones que aportaban las tesis de la Internacional Comunista al respecto. En el marxismo de finales del siglo XIX las luchas nacionales de Polonia, Irlanda, India, Argelia, China, etc., más el propio desarrollo del materialismo histórico y dialéctico, habían encendido la llama de la investigación teórica, pero todavía quedaba mucho por mejorar como la ausencia de estudios rigurosos sobre Nuestramérica, etc. El desarrollo del imperialismo desde comienzos del siglo XX hizo que las opresiones nacionales se multiplicaran y que a la vez se confirmara definitivamente que en todo Estado con un  nacionalismo oficial existían dos naciones antagónicas, la trabajadora y la burguesa: la unidad y lucha de contrarios dentro de la nación oficial.

La tercera Gran Depresión se caracteriza porque el capital financiero-especulativo de alto riesgo tiene impunidad para entrar en cualquier Estado, saquearlo y marcharse dejándolo endeudado por años, o si esto no le interesa, sí tiene el poder militar y político de imperialismo para amenazar a esos Estados obligándoles a aceptar duras condiciones que de otro lado no aceptaría. Si esto sucede con los Estados formalmente libres, las naciones oprimidas están totalmente indefensas en dos sentidos: por la misma opresión nacional que sufren de los Estados que los ocupan, y por la impunidad del capital transnacional que con la pasividad o con el apoyo del Estado ocupante hace especial daño a las naciones oprimidas, aprovechándose de su indefensión.

La creciente masa de capital ficticio hace, además, que los sentimientos y conciencias colectivas e individuales estén sometidas a nuevas presiones por la inseguridad social que el capital ficticio genera por lo impredecible que es su comportamiento, por la difícil que resulta controlar su marcha errática si se carece del poder político necesario para ello. Todo ello hace que la contradicción expansivo-constrictiva inherente al concepto simple de capital, esté hoy mucho más agudizada que hace medio siglo cuando la burguesía empezó a desregular, a romper las cadenas que sujetaban al monstruo fetichista que se agita en la ley del valor. Esta es una de las razones de fondo por la que tiende a aumentar el irracionalismo, el fascismo, el negacionismo, etc., pero también los sentimientos nacionales de los pueblos oprimidos. Esta es otra de las razones que explican que algunas burguesías de Estados medios y pequeños vayan estableciendo alianzas para frenar el poder financiero imperialista y para abrir nuevas vías de comercio.

Tenemos los casos de Irán y Rusia. La primera, Irán, muestra que un país capitalista con un poder político-religioso y cultural incomprensible desde el dogma eurocéntrico se enfrenta y vence al imperialismo una y otra vez desde la década de 1970, superando todas las brutalidades y formas de guerra del Pentágono, Tal Aviv y Bruselas. La burguesía iraní prooccidental está muy debilitada y con escaso apoyo social, a pesar de lo que mienta la prensa occidental. La burguesía iraní no prooccidental quiere y necesita integrarse lo antes posible en el bloque euroasiático y aumentar sus relaciones con pueblos que de un modo u otro resisten al imperialismo. La cultura político-religiosa del chiismo persa asume como uno de los valores centrales la defensa de la justicia y la lucha antiimperialista. En contra de las mentiras occidentales, Irán es uno de los países  musulmanes  con menos rigorismo y con un respeto apreciable de los derechos humanos, desde luego mayor que el de otros muchos Estados capitalistas.

La segunda, Rusia, también es un país capitalista cuya facción burguesa corrupta, mafiosa y prooccidental fue depurada y debilitada en extremo desde comienzos del siglo XXI por la facción burguesa que comprendió que Occidente quería balcanizar su país, objetivo ya fijado desde comienzos del siglo XX. La balcanización de Rusia significaba el fin de esta facción burguesa y también el fin de Rusia en sí misma. En la década de 2000 Rusia fue tendiendo hacia China y Asia para reponerse de los ataques de la OTAN. En la década de 2010 esta integración se aceleró a la vez que el recuperaba la memoria de los 27 millones de asesinados por el nazismo, memoria que la perestroika y el borracho Yeltsin intentaron destruir. Tanto en Rusia, como en China Popular, República Popular de Corea, Vietnam, Irán, Sudáfrica, Palestina y un largo etcétera de pueblos, el presente se vive con el recuerdo cotidiano de las atrocidades imperialistas. La fuerza política de los comunistas rusos presiona para que el sentimiento nacional se reafirme en su antiimperialismo.

Las presiones de EEUU que aumentan conforme va perdiendo su poder, están poniendo en apuros a grandes y medianos Estados del propio bloque como Canadá. México, India, Colombia, Arabia Saudí, Japón, Australia, Brasil, Turquía, Egipto, etc., además de a la Unión Europa. Las presiones yanquis responden a la ciega lógica capitalista de la acumulación ampliada, de la competencia interburguesa y del cainismo entre facciones del capital frente a la caída tendencial de la tasa media mundial de ganancia. Las burguesías de estos Estados se dividen en facciones con intereses propios frente a su dependencia estructural hacia EEUU. Cada facción busca su trozo de mercado y de la tasa media de ganancia, lo que le lleva a crear su propia versión del nacionalismo burgués para manipular a “su” clase trabajadora.

Lo que subyace a la resistencia de cada vez más pueblos oprimidos e incluso de los titubeos y dudas de cada vez más Estados  al imperialismo y a la Casa Blanca, es precisamente la agudización de su inhumanidad totalitaria que crea nuevos métodos de saqueo, explotación y brutalidad. Los cambalaches de muchos de ellos con EEUU para paliar en lo posible sus sanciones, así lo indican. Pero no debemos hacernos vanas e ilusas esperanzas de que esas burguesías que se resisten un poquito por ahora a Occidente sean radicalmente democráticas hasta el punto de que terminen  prefiriendo el socialismo al capitalismo. No. Estas burguesías crean alianzas para negociar mejor con el imperialismo, no para derrotarlo y menos aún para acabar con el capitalismo. La traición al bolivarianismo chavista y comunal de la boliburguesía venezolana es tal vez el ejemplo más reciente.

En definitiva, la tercera Gran Depresión capitalista está activando tensiones y choques entre burguesías que debemos estudiar con detalle, así como, por el lado contrario, impulsa la concienciación de las naciones trabajadoras en sus dos niveles, el de las oprimidas por Estados ocupantes, sean imperialistas o no, y el de las que no están oprimidas nacionalmente. En ambos casos, la nación trabajadora sólo tiene como salida la revolución socialista.

¿Tenemos razones la clase obrera, los sectores populares y los pueblos para estar esperanzados en el futuro y que este sea socialista?

La fuerza de trabajo asalariada directa o indirectamente, es decir, la clase proletaria, es la gran mayoría de la población del mundo. En el capitalismo actual, en los países imperialistas el proletariado viene a ser entre el 85% y el 90% de la población, siendo también ésta la composición de clase en Euskal Herria. ¿Qué importancia tiene esto? Toda. El sindicato ELA nos explica que entre 2008 y 2025 en Hego Euskal Herria ha habido una transferencia de alrededor de 2000 millones de euros de los cada vez más flacos bolsillos obreros a las cada vez más gordas fortunas burguesas: en estos años, en la CAPV el peso del salario en el PIB ha descendido del 49,3% al 47,8%,  y en Nafarroa del 48,5% al 46,6%.  Según estudios oficiales de la CAPV publicados en marzo de 2026, el empobrecimiento social ha aumentado del 4% en 2018 al 6,1% en 2024. Son ‘estudios’ realizados por el poder, y eso lo tenemos que tener muy en cuenta. Pero hay zonas ricas en Euskal Herría, en las que no hay tanto proletario y hay más burgueses, mientras que al contrario, las hay con más obreros empobrecidos y menos burgueses, zonas éstas más vigiladas por las fuerzas represivas porque su dignidad es mayor: hay más lucha nacional de clase.

Uno de los problemas que se nos presenta cuando leemos estos y otros ‘resultados objetivos’ fabricados por las «ciencias sociales» imperialistas, es el de los antagónicos conceptos de ‘pobreza’ según la burguesía y el de ‘empobrecimiento’ o depauperación absoluta y relativa que emplea el marxismo. Pero no podemos extendernos aquí en estos y otros choques frontales entre la teoría marxista y la ideología burguesa, o en otros imprescindibles para saber qué es el proletariado como teoría del salario; trabajo productivo e improductivo; valor, plusvalor y plusvalía; ley del valor, trabajo abstracto; tasa de plusvalía, tasa de explotación; valor de uso, valor de cambio; mercancía, alienación y fetichismo; conciencia en sí y conciencia para sí; ejército industrial de reserva o tasa de desempleo; precariedad y precarización; sobreexplotación de la mujer trabajadora sobre todo migrante; explotación de las naciones oprimidas; Estado, Comuna, Soviet, pueblo el armas, y un largo etcétera.

Estos y otros conceptos son necesarios para saber cómo es la estructura de clases en el capitalismo y a la vez y por ello mismo, cómo es la lucha de clases que se libra en su interior de forma permanente. Queremos decir que para responder a tu pregunta tenemos que emplear el marxismo en su conjunto, y no limitarnos a los tópicos de la sociología burguesa, que es lo que hace el reformismo. El meollo de la respuesta a tu pregunta radica, por tanto, en las lecciones que nos aportan  el materialismo histórico y la teoría marxista de la crisis revolucionaria.

La lucha por el socialismo es mundial, universal, pero se adapta a las condiciones de cada país, es por tanto en las luchas particulares en donde se verifican algunas de esas lecciones pero no todas. Otras, las menos, se demuestran en las luchas singulares. Sin embargo, la totalidad de los conceptos marxistas, algunos de los cuales hemos citado aquí, es necesaria para comprender qué es el modo de producción capitalistas, cómo se sostiene y cómo se le destruye.

Es esta valía universal del marxismo, con especificidades propias pero integradas en esa totalidad, la razón más poderosa que sostiene la esperanza por el futuro socialista. La crítica práctica del concepto de valor, decisivo en el capitalismo, surge y resurge en cada lucha obrera y popular aunque no sea directamente salarial y aunque estén distanciadas por miles de kms entre países muy diferentes. Sea una movilización contra el auge del racismo y del fascismo en Suecia, una radical defensa de las tierras comunales de la nación Mapuche en la Patagonia, la muy prometedora lucha nacional antiimperialista del Sahel, pasando por una huelga de 300 millones de trabajadores en la India contra el duro neoliberalismo de su gobierno, y terminando en las protestas australianas por la visita de genocidas sionazis a su país.

El concepto marxista de valor, como su ley general de la acumulación de capital y su ley tendencial de caída de la tasa media de ganancia, sin olvidarnos del concepto marxista de praxis, por no extendernos en los restantes, conectan objetiva y subjetivamente a Suecia, Patagonia, Sahel, India y Australia además de a Euskal Herria, obviamente. Solamente las personas malas y/o ignorantes, también las reformistas, niegan esta objetividad, es decir, esta dialéctica de contradicciones que determinan al capitalismo y que provocan diversas luchas, enfrentamientos, insurrecciones, guerras justas y revoluciones. Como hemos dicho arriba, el imperialismo agudiza estos conflictos diversos en sus múltiples formas externas pero unidas por la explotación capitalista.

La conexión objetiva es innegable pero la conexión subjetiva, sobre todo cuando estas y otras luchas se libran en países, culturas, rama económicas, etc., muy diferentes, exige un estudio más detenido. Por ejemplo, las justas guerras antiimperialistas de Rusia e Irán, las huelgas internacionales contra Ámazon y otras transnacionales yanquis y europeas, las movilizaciones de los bomberos en Madrid y otras ciudades, las muchas protestas internacionales contra las bases militares yanquis y un largo etcétera, nos muestran que la combatividad obrera no ha desaparecido. De lo que se trata es, primero, descubrir qué objetivos a largo plazo les unen; segundo, cómo coordinarlos y divulgarlos; tercero, avanzar a otros objetivos más necesarios: como la lucha contra la propiedad privada y contra el poder del capital; y cuarto, demostrar que se quiera o no estamos actuando y pensando un proyecto socialista y comunista. Lo estamos haciendo con mayor o menor rigor, e incluso aunque le neguemos porque a estas alturas de la historia debemos decir que todas  –todas–  las modas reformistas y todas las utopías socialista, han fracasado.

La sabiduría y experiencia criminal del ministro de represión del Canciller alemán von Bismarck a finales del siglo XIX era la que sustentaba su dicho de que debajo de toda huelga obrera palpita la revolución socialista. Cuando hasta ahora ningún gobierno socialdemócrata del Estado español ha anulado la salvaje reforma laboral impuesta por la peor derecha española en 2012 ni tampoco la neofascista ley mordaza de 2015, por citar solo dos, es porque la burguesía española sabe que tiene que mantener e incrementar las represiones antiobreras y antipopulares. Cuando la judicatura yanqui avala casi todas las innovaciones antisocialistas trumpianas, con el silencio de demócratas, es porque la tecno-oligarquía y la burguesía en su conjunto saben que vuelve a ulular el espectro del comunismo. Cuando la Europol informa sobre la radicalización de la juventud trabajadora vasca es porque sabe que la opresión objetiva se transforma en conciencia subjetiva.

Para ir terminando, hemos citado la praxis revolucionaria como un concepto fundamental para comprender la esperanza, la ilusión y el optimismo revolucionarios, el valor de la axiología, de la ética y de la moral comunista, y de las afectividades desmercantilizadas que no valoran a las personas como mercancías, objetos pasivos a vender en el mercado capitalista, porque ella misma, la praxis, es una fuerza liberadora objetiva, material, una vez que ha penetrado en la conciencia humana y la enriquece con el estudio permanente de la teoría y filosofía marxista.

En el ¿Qué Hacer? escrito por Lenin en 1902, cuando aún la revolución socialista parecía estar más allá del horizonte de lo posible, su autor escribe: «¡Hay que soñar!». Las sueños, ilusiones y esperanzas rojas, realistas y materialistas y por tanto conocedoras de las leyes tendenciales y contradicciones objetivas del capitalismo, son fuerzas materiales que han empuñado y empuñan las armas en las revoluciones necesarias y justas guerras defensivas. Una de las fuerzas del ateísmo comunista surge de esta materialidad inmanente a la especie humana, a su antropogenia. Tales fuerzas conscientes saben que las derrotas son posibles y probables en determinadas condiciones, pero esa certidumbre no es derrotista ni pesimista porque conoce que la praxis expresada por Gohete –«En el principio era la acción»–  niega de raíz la carga reaccionaria y pasiva del Apóstol Juan al decir que «En el principio era el verbo».

Mientras que nuestra acción se imponga sobre el “verbo” criminal del imperialismo, tendremos esperanzas y el socialismo y el comunismo no serán reducidos a meras utopías sino que las veremos como lo que son: una necesidad de supervivencia. Pero aunque no lo logremos en esos primeros momentos, la humanidad no cejará de intentar tomar el cielo por asalto. Lo intentaremos una y millones de veces, y el optimismo esperanzado es y será parte constitutiva de nuestra teoría y de nuestra ética.

Nada más, eskerrik asko y como siempre agradecemos tus valiosísimas aportaciones. Cada cual en su campo de trabajo, con su realidad y posiblidades en el camino de la construcción de una Euskal Herria independiente, feminista…y comunista. En este camino vamos a toparnos mas de una vezJotake!

Fuente: Haize Gorriak.

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