
La Oficina de Prensa del Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación de Rusia (SVR) informó ayer, lunes, de que, según la información que obra en poder del organismo, los servicios de inteligencia de uno de los países occidentales, en coordinación con sus aliados ucranianos, pretenden escenificar una nueva campaña de propaganda antirrusa.
En esta ocasión, los acontecimientos se desarrollarían en el escenario latinoamericano y el argumento recuerda, según el SVR, a un episodio propio de una mediocre película policial sobre narcotráfico.
Este es el comunicado del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia:
Occidente planea organizar una provocación antirrusa en América Latina.
La Oficina de Prensa del Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación de Rusia comunica que, según los datos obtenidos, los servicios especiales de un país occidental, actuando en coordinación con sus secuaces ucranianos, planean orquestar una nueva provocación antirrusa.
Esta vez, los acontecimientos se desarrollan en el escenario latinoamericano, mientras que la trama se parece a un fragmento de una novela policíaca de tercera sobre el narcotráfico.
Se tiene previsto acusar a Rusia de realizar suministros ilegales de armas a los carteles del narcotráfico y grupos del crimen organizado que operan en Venezuela, Colombia y México.
Con este objetivo, al territorio de los Estados mencionados ya se están transportando armas de fabricación rusa incautadas por el enemigo en el curso de la operación militar especial.
Paralelamente, se preparan grabaciones y videos falsos buscando confirmar que Rusia “realiza las entregas” de armas a los latinoamericanos a través de intermediarios.
Para lograr una mayor “credibilidad” se planea respaldar dichos contenidos con documentos falsos que, supuestamente, indican la implicación de representantes de las FF.AA. de la Federación de Rusia en esta “transacción”.
Los autores de esta provocación ingenuamente esperan socavar de este modo las relaciones constructivas de Rusia con los países de esta región e inducir a los gobiernos latinoamericanos al apoyo de la política antirrusa practicada por Occidente.
Sin embargo, lo único que estos rusófobos son capaces de lograr en realidad, es volver a demostrar la ausencia de limitaciones morales algunas, así como un pensamiento estereotipado.
Desde el inicio mismo del conflicto ucraniano, la guerra de información que las élites euroatlánticas vienen librando contra Rusia, se caracterizaba por la filtración y promoción de las falsedades más abominables, más allá de la moral y el derecho.
La escenificación sangrienta en Bucha (abril de 2022) de la que se valieron para impulsar aún más la confrontación en Ucrania, constituye un ejemplo emblemático de ello. Procede señalar que semejantes montajes no son innovación moderna de los servicios secretos occidentales. Vienen recurriendo a ellos desde hace tiempo.
Baste recordar que la Segunda Guerra Mundial comenzó tras la provocación de Gleiwitz del 31 de agosto de 1939 — el ataque de los miembros de las SS disfrazados con uniformes polacos a la emisora de radio en la ciudad fronteriza alemana de Gleiwitz.
El posterior curso de la historia, sin embargo, demostró que el precio de tales montajes puede resultar extremadamente alto, sobre todo para los propios organizadores.
Fuente: Insurgente.






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